Amadores de Cristo

DIA 6 DE MAYO

Vida de María Santísima en el Templo

ACTO DE CONTRICIÓN

Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del Cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.

Preparado está, Señor, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.

Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.

Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.

Amén.

PUNTOS DE MEDITACIÓN

1.º María en el Templo fue un tesoro de virtudes desconocido al mundo, y aun a los mismos que vivían en su compañía. Su corazón era un huerto cerrado a los ojos de los hombres, donde el divino Esposo hacía crecer todas las virtudes, como plantas olorosas que despedían olor de suavidad, que se elevaba en la presencia del Señor, como varita de humo de aromático incienso. Su conversación era toda del Cielo, y con su Dios. Su oración era larga, humilde y amorosa; porque su atención más preferente era la de agradar a Dios, y descubrir su voluntad para cumplirla. ¿Vives así, alma mía? ¡Cuánta sería tu paz, si copiases bien este modelo! ¡Qué efectos tan contrarios te ha producido el trato y amor de las criaturas!

2.º María, ocupada toda en la oración y contemplación, no se olvidaba de que debía servir en los ministerios del Templo, y supo unir perfectamente a la vida contemplativa la activa y operante. Jamás estuvo ociosa. Fuera de las horas destinadas al culto y a la oración, estaba siempre ocupada en labores humildes, sin apartar por ello su corazón de Dios. ¡Ay, cuánto he malogrado yo el tiempo! ¡Cuándo me persuadiré de que el trabajo y ocupación honesta es la penitencia de los miserables hijos de Adán! Convéncete de ello, alma mía, y no imites a aquellos que, con pretexto de una vana oración, buscan la ociosidad y huyen del trabajo. Estos están muy lejos de seguir el ejemplo de María.

3.º Bien se ocupase en la oración, bien en el trabajo material, María vivía sólo para el espíritu, descuidada enteramente de su cuerpo. Su sueño era corto, su alimento templado, su silencio continuo, su humildad profunda, su obediencia pronta. Sencilla en su trato, natural sin afectación, ocultaba en su corazón todo el tesoro de sus virtudes, porque caminando en espíritu, como hija verdadera de Dios, sólo a Dios daba el dominio y el usufructo de su corazón, no cuidándose nunca de agradar al mundo. ¿No te confundes, alma mía, a la vista de estos ejemplos y estas lecciones? Si sirves al mundo y buscas agradarle, nada debes esperar de Dios: si siembras para contento de la carne, no debes esperar frutos de vida eterna.

AFECTO

¡Oh, María, modelo de oración, de mortificación y de todas las virtudes interiores que atraen las miradas de Dios! Yo me veo desnudo de todas ellas, y cuando me miro en el espejo de vuestro Corazón, conozco la deformidad y pobreza de mi alma. Si alguna vez las he practicado, ha sido para agradar a los hombres, más bien que a Dios; y por ello sólo he cogido frutos de miseria y corrupción. Ayudadme, Madre mía, a cubrir mi desnudez; interceded por mí con Jesús, para que, siguiendo vuestro ejemplo, viva todo para Él con una vida de espíritu, para que llene mejor el tiempo en adelante, y me niegue a los gustos desmedidos de mis sentidos, a fin de gozar las delicias puras del espíritu.

ORACIÓN

Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia de Dios.

Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.

Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno de Dios.

Amén.

JACULATORIA

Oh, María! Templum Domini, Sacrarium Spiritus Sancti, ora pro nobis.

¡Oh, María! Templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo, ruega por nosotros.

OBSEQUIO

Rezar con devoción particular el santísimo Rosario.

TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA

1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos, para que sean puros mi entendimiento y mi corazón.

Ave María.

2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo y mi Señor Jesucristo.

Ave María.

3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.

Ave María.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de Cielos y Tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien Dios ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!

A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.

Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.

¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.

Amén.

Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.

PRÁCTICA

La devoción al santo Rosario es una de las más agradables a Dios y a la Santísima Virgen, y de las que con más asiduidad y provecho han practicado sus amantes, porque forma una corona de flores, que se ofrece a María como muestra de amor. Sabido es el celo con que predicó esta devoción el patriarca Santo Domingo de Guzmán, y los prodigios que obró con ella. San Estanislao, siendo aún niño, no sabía dejar el rosario de sus manos, ocupándose siempre en las alabanzas de la Virgen. Pero es necesario rezarlo con devoción, como dijo la Santísima Virgen a una sierva suya, advirtiéndole que más agradecía cinco decenas rezadas con pausa y devoción, que quince de prisa y con menos devoción. También el beato Alfonso Rodríguez nos da ejemplo en esta materia: Rezaba el Rosario entero todos los días de rodillas y muy despacio, al principio sólo vocalmente, después con la meditación de los misterios, llegando así a un sublime grado de oración, en que recibió grandes favores de la Santísima Virgen. Solía ver muchas veces en el aire una rosa encarnada cada vez que rezaba el Padrenuestro, y otra blanca y de igual belleza y fragancia en cada Avemaría. Otra vez, acompañando a un Sacerdote de la Compañía de Jesús, fuera de la ciudad, iba algo apartado de éste, porque sus achaques le impedían alargar el paso, y se ocupaba en rezar el Rosario, descuidado del calor excesivo, que le hacía sudar extraordinariamente. Andando así, se le apareció la Santísima Virgen agradeciendo su devoción, y limpió y enjugó su rostro con un lienzo finísimo que llevaba, dejándole en extremo consolado. ¡Oh, qué bendiciones atrae a los fieles el santo Rosario!

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