Amadores de Cristo

DIA 31 DE MAYO

Coronación de María Santísima

ACTO DE CONTRICIÓN

Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del Cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.

Preparado está, Señor Jesucristo, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.

Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.

Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.

Amén.

PUNTOS DE MEDITACIÓN

1.º El alma y el cuerpo virginal de María, glorificada y elevada sobre todos los ángeles y bienaventurados con el más lucido acompañamiento, y dotada con más dotes que los bienaventurados, fue recibida por la Trinidad Beatísima con más pompa de la que puede imaginar el entendimiento del hombre. Así premia Dios los trabajos llevados con paciencia por su amor. Este es el premio que Dios guardaba a esta Virgen incomparable, porque siempre tuvo su carne sujeta a las leyes del espíritu. Aprende, alma mía, y no rehúses la mortificación de los sentidos al contemplar cuánta gloria se te prepara por ella en el Cielo.

2.º El Padre Eterno corona a María como Reina y Señora de todo lo creado. El Hijo Unigénito la corona con diadema de gloria y de poder, premio debido a su humildad e inocencia. El Espíritu Santo la corona con diadema de victoria, porque se aprovechó de su gracia, y con tanto esfuerzo y valentía quebrantó la cabeza de la orgullosa serpiente. Dios mismo ha de ser nuestra recompensa. Alma mía, ¿para qué, pues, entretenernos en objetos caducos y despreciables? Sí, Dios mío; confieso que anduve errado y busqué inútilmente mi gloria en las criaturas. Ahora vuelvo a Vos, y os protesto perpetua fidelidad, para recibir de Vos mismo la corona de gloria, después de los días de mi peregrinación.

3.º María Santísima es colocada en el Cielo en un trono majestuoso muy cerca del que ocupa su Hijo. Allí es, después de Dios y de la humanidad de Jesús, la admiración de los ángeles, y contento de todos los bienaventurados. Allí está en medio de tanta gloria, dotada de poder incomparable, abogando por todos los mortales. Sin cesar expone a su Hijo nuestras necesidades; sin cesar alcanza lluvias de beneficios a los necesitados; sin cesar detiene la espada de la divina justicia, para que no se pierdan los pecadores. ¡Oh, María, tan gloriosa y poderosa!, ruega por todos, pide por todos; sálvanos a todos.

AFECTO

¡Oh, María!, coronada por la Trinidad Santísima como Reina del Cielo y de la Tierra; yo me uno a los ángeles y bienaventurados, y os aclamo también Reina de mi corazón. La memoria de vuestras virtudes ha perfumado en este mes mi corazón con olor de suavidad. Duélome de la pobreza de mis obsequios, y del tiempo que no os serví, porque no conocía aún lo inefable de vuestros merecimientos. A ley de hijo, aunque extraviado, os consagro mi corazón y mis afectos: os prometo más fidelidad y reverencia en vuestras alabanzas y servicio, y espero que, como Madre de misericordia, abogaréis por mí, para que nunca más pague el tributo del pecado, y sirviendo constantemente a Jesús, logre en mi muerte vuestra asistencia y favor, para ir luego al Cielo a gozar con Vos de la visión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN

Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia de Dios.

Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.

Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno de Dios.

Amén.

JACULATORIA

O Maria! Jesum benedictum fructum ventris tuis, nobis post hoc exilium ostende.

¡Oh, María!, después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

OBSEQUIO

Rezar el santo Rosario pidiendo a María Santísima la gracia de gozar de su compañía en la eterna Jerusalén.

TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA

1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos para que sean puros mi entendimiento y mi corazón.

Ave María.

2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo, mi Señor Jesucristo.

Ave María.

3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.

Ave María.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de Cielos y Tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien Dios ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!

A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.

Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.

¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.

Amén.

Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.

PRÁCTICA

Al concluir las prácticas de devoción en honor de María Santísima, ninguna me parece más a propósito para formar el complemento de todas, que la que forma el objeto mismo del mes de María: ofrecerle guirnaldas de místicas flores. San Estanislao de Koska lo hacía todos los días, presentando a la Santísima Virgen una corona compuesta de varios actos de mortificación y de virtudes, que practicaba en honor suyo. «Este obsequio —dice el Ilmo. D. Antonio Claret, arzobispo de Santiago de Cuba— lo practican todos cuantos son verdaderamente devotos de María, porque saben que el mayor obsequio que puedan hacerle es abstenerse de defectos, y practicar e imitar sus virtudes. Voy a poner un ejemplo de esto, y sea la paciencia. La persona que quiere tejer a María una guirnalda de actos de paciencia, le pedirá por la mañana la gracia de tenerla en todo, y le ofrecerá el obsequio de abstenerse de decir palabras ásperas con voz alta o altanera, o de otro modo que indique enojo. Al medio día observará qué tal ha cumplido este propósito; si lo ha cumplido, dará gracias a Dios y a la Santísima Virgen, y si hallare haber faltado, besará la tierra haciendo en ella una cruz con la lengua y dirá un Avemaría. Además de abstenerse del mal, procurará hacer actos positivos de paciencia, y dirá estas, u otras palabras semejantes, al ofrecérsele algún contratiempo o incomodidad: Todo sea por Dios; sea en descuento de mis culpas; dadme paciencia, Virgen Santísima. Alguna de estas jaculatorias la repetirá hasta cincuenta veces, que formarán la corona. Por la tarde hará otro tanto hasta la noche. He aquí el modo explicado de formar coronas o guirnaldas espirituales de la virtud que se quiere regalar, o con que se quiere obsequiar a María Santísima.» (Nov. al sagrado Corazón de María.) ¡Oh, si así lo practicásemos sucesivamente con todas las virtudes, cuán pronto llegaríamos a la perfección! ¡Qué pruebas tan sinceras de amor y devoción daríamos a la Santísima Virgen! ¡Cuántas bendiciones derramaría Ella, y por su intercesión toda la Santísima Trinidad, sobre nuestras almas! ¡Y cuán bien podríamos mirar nuestra devoción a María como una señal de predestinación!

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