Amadores de Cristo

DIA 5 DE MAYO

PUREZA DE CORAZÓN

Pedid todos los días, con gran fervor, a la Purísima e Inmaculada Madre de Dios, que os alcance una grande pureza de corazón.

1.º María es el modelo más perfecto de pureza. Inmaculada en su Concepción, por un privilegio sólo a Ella concedido entre todas las criaturas, no consideró esta gracia sino como un principio de pureza que debía conservar y cultivar con todo esmero, para ser digna de las miradas del Altísimo, que tanto la había honrado. Por ello, le consagró su virginidad con voto solemne, siendo la primera que hizo a Dios esta ofrenda preciosa siempre a los divinos ojos, renunciando con ello a la esperanza de ver nacido de su familia al Mesías. Su amor a esta virtud fue tal, que prefirió el título de Virgen al sublime dictado de Madre de Dios, y sólo admitió esta dignidad, cuando Dios, en premio de su pureza, le aseguró que sería Virgen y Madre a un tiempo. ¡Oh, qué ejemplo tan heroico de amor a la pureza! Alma mía, mírate en este espejo sin mancha, y aprende a preferir la pureza del corazón a todos los honores de la Tierra.

2.º María, al tiempo mismo que miraba la pureza como una virtud angélica, y que más nos hace semejantes a Dios, que es la pureza misma, conocía cuán fácilmente se pierde esta virtud preciosa. De aquí su cuidado exquisito en conservarla siempre sin mancha en su corazón y en su cuerpo. Se consagra a Dios para defenderse de los atractivos del mundo; busca el retiro y la oración, para afianzarse más en ella, defendiéndola de los ataques del demonio, enemigo capital de esta virtud, que, haciéndonos ángeles en carne, nos conduce a ocupar las sillas que los ángeles rebeldes perdieron; y finalmente, mortifica sus sentidos y pone un freno a la carne para librarse de sus estímulos. ¡Alma mía! He aquí cómo te enseña María a conservar la pureza del corazón y del cuerpo.

3.º El amor que María tuvo a la pureza, y el cuidado que puso en conservarla, nos demuestra el amor que tiene a las almas puras. Las mira como sus hijas predilectas, y tiene en ellas todas sus complacencias, lo mismo que su divino Hijo, porque son su imagen, y el templo vivo del Espíritu Santo, que habita en sus corazones. ¡Alma mía!, ¿quieres ser hija de María y merecer su amor y el de toda la Trinidad Santísima? Imita su pureza en tus pensamientos, en tus palabras, en tus acciones. No todos pueden ser vírgenes en el cuerpo, pero todos pueden serlo en el corazón, y en el corazón y en el cuerpo ser puros. Ea, pues, aprende de María a amar esta virtud, a defenderla y a conservarla, mirándola como tu principal adorno. Si María, asegurada con tantas bendiciones del Cielo, trabajó no obstante tanto, temerosa de empañar su brillo, tú que eres tan débil, ¿qué vigilancia no deberás tener en todos los momentos de tu vida sobre tu corazón y tu cuerpo?

AFECTO.

¡Oh, María!, Virgen de las vírgenes, Esposa del Espíritu Santo, dignaos ser mi maestra y mi defensora. ¡Oh, Señora! ¡Cuántas veces me he hecho indigno del título de hijo vuestro con mis culpas! ¡Oh, cuántas veces he pecado contra la virtud hermosa de la pureza! Perdón, Madre mía; perdón a este infeliz. Yo detesto mis pasadas culpas, y quiero en adelante ser puro en mi corazón y en mi cuerpo. Vos sabéis cuántos enemigos tiene esta virtud; defendedme de todos ellos; inspiradme un amor ardiente a la pureza; haced que sean puros mis pensamientos, mis palabras, mis miradas y mis acciones, y venid en mi socorro cuando me tiente el enemigo, porque desde ahora propongo acudir a Vos y pronunciar vuestro dulce nombre como mi mejor defensa. ¡Oh, María!, vuestro soy, defendedme y salvadme.

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