Amadores de Cristo

DIA 7 DE MAYO

DEVOCIÓN SINCERA

Pedid todos los días a María que os haga participantes de los tiernos sentimientos de piedad que animaron siempre a su Santísimo Corazón.

1.º Del amor a Dios nace como fruto precioso la piedad y devoción con que el alma busca siempre la gloria de Dios, y se entrega enteramente a Él por medio de ejercicios santos que acreditan su amor, le mantienen y fomentan en el corazón, y le fortalecen y perpetúan por toda la vida y por toda la eternidad. El que ama a Dios le consagra su cuerpo, su alma y todas sus cosas, no buscando sino a Dios, ni viviendo sino para Dios, y solo con relación a este mismo, único y último fin, desea y procura su santificación en la práctica de las virtudes. Este es, alma mía, el objeto de tu vida y de todo cuanto eres y tienes; y esto es lo que debes pedir a María y aprender de ella.

2.º María, ilustrada por la divina gracia desde su primer instante, ofreció a Dios el sacrificio perfecto y absoluto de todo su ser, no considerándose ya sino como una esclava que sólo debía ocuparse en el servicio de Dios. Presentada en el templo a la edad de tres años, su vida en él fue un perpetuo ejercicio de devoción. La lectura de libros santos, la contemplación de las divinas perfecciones, la atención a los impulsos e inspiraciones divinas, alternaban con las labores y oficios mecánicos del servicio del templo, y formaban una cadena de actos de virtud, que ofrecía a Dios como testimonios de su perfecta consagración. También tú, alma mía, has nacido y vives sólo para Dios. ¿Obras como María? ¿Estás animada siempre de estos sentimientos de piedad?

3.º La piedad de María y su devoción no se mostró tan sólo mientras vivió en el templo, sino en toda su vida. Hecha Madre de Dios, e iluminada después copiosamente con los dones del Espíritu Santo, se aprovechó de esto como de un nuevo medio de buscar a Dios y vivir unida con Él. Esta unión y consagración no consistía sólo en su oración continua y en la contemplación suavísima de los divinos atributos, sino en la práctica perfecta de todas las virtudes, y en la recta aplicación de todas sus acciones y palabras a la gloria de Dios. Todas nacían de su amor a Dios, todas las hacía según la voluntad de Dios, en la presencia de Dios, pidiendo a Dios su gracia, y dirigiéndolas a su gloria. Así es como santificó todas sus acciones. ¡Alma mía!, aprende de María: la verdadera devoción no consiste en multiplicar prácticas exteriores y en gustar las dulzuras de la oración, sino en hacerlo todo como la Santísima Virgen: por amor a Dios, y para gloria de Dios.

AFECTO

¡Oh, María!, vuestra piedad hizo que todas vuestras acciones fuesen como una nubecita de humo formado de oloroso polvo de virtudes, que se elevaba en la presencia de Dios como sacrificio perfecto. Haced, Señora, que mi alma conozca, desee y practique la devoción sincera que Dios me pide, y en Vos admiramos. Enseñadme a principiarla con una perfecta y absoluta entrega y consagración de mí mismo a la gloria, voluntad y amor de Dios; enseñadme a continuarla con la práctica de la oración, lectura y ejercicios santos, y a consumarla con la aplicación continua de mis sentidos y potencias a la gloria de Dios, buscándole en todos mis pensamientos, mis palabras y mis acciones. ¡Oh, María!, comunicad a mi corazón los sentimientos del vuestro, y ayudadme a imitaros en todo cuanto hicisteis, para que sea mi vida perfecta y merezca la eterna recompensa.

Volver al Ramillete de Flores Místicas.