Amadores de Cristo

DIA 8 DE MAYO

CELO DE LA PERFECCIÓN

Admirad a la Virgen Santísima trabajando sin descanso en la perfección, y esforzaos en imitar su ejemplo.

1.º No basta sólo consagrarse a Dios desde el principio de la vida o de la conversión, es preciso trabajar siempre en crecer, más y más cada día, hasta llegar a la perfección. El que en el camino de la virtud no anda hacia adelante, vuelve atrás, dice San Agustin; en él no es posible estar parado. La detención produce la tibieza, estado tan desagradable a Dios, que amenaza arrojar de sí al que ahí se halla, y no se esfuerza en salir de él. Teme este estado infeliz, alma mía, que sólo te separará un paso del pecado, y acuérdate siempre de aquella sentencia del Espíritu Santo: El que no hace caso de las cosas pequeñas y se descuida en ellas, poco a poco caerá.

2.º Si te resuelves a trabajar sin descanso en tu perfección, toma por modelo a María, y ella te enseñará en primer lugar que la perfección no consiste en querer abrazarlo todo a un tiempo, y en buscar acciones extraordinarias, sino en perfeccionar las ordinarias, y en el ejercicio de las virtudes por ínfimas que parezcan. Nunca ambicionó luces superiores, revelaciones, ni por sí misma se atreviera jamás a desear el título de Madre de Dios. Perfeccionarse en la oración, en la humildad, en la pureza, en la obediencia a su Esposo, y procurar siempre que sus acciones se dirigiesen a Dios con una intención más pura y recta; he aquí el modo como trabajó María en su perfección. ¡Cuán distinto es tu modo de obrar, alma mía! Crees que la perfección consiste en las visiones y gracias extraordinarias, y descuidas practicar las virtudes, y pasas el tiempo en vanos deseos y propósitos para otros días, para cuando estés en otro estado, queriendo que Dios lo haga todo. ¡Oh, qué ilusión tan lamentable!

3.º María no dejó pasar día alguno sin trabajar en su perfección. Ella sabía que la perfección no tiene término ni medida, porque llega hasta el mismo Dios, que es infinito, y que es la misma Perfección. Ella sabía que, aunque la criatura no puede llegar a esta infinidad de perfección, sin embargo no debe detenerse en un grado de ella, como en el último a que esté obligada, sino avanzar y subir más hasta donde la gracia la conduzca. Por esto, aunque en su primer momento era ya perfectísima, se afanó por crecer más y más en la perfección de cada virtud, para merecer las miradas y el amor de Dios, que es la perfección infinita, y hacer de su corazón el templo de la Santísima Trinidad. ¡Alma mía!, he aquí el modelo que Dios te propone. No temas trabajar en su imitación. Con la gracia de Dios todo lo puedes; pídela a Jesús, por María, y te será concedida; y si eres fiel, no te faltará jamás hasta hacerte llegar a la unión con Dios.

AFECTO.

¡Oh, María!, perfectísima en toda virtud y celosa siempre de más perfección. Comunicadme vuestro celo para que, de grado en grado, vaya llegando al estado en que Dios me quiera poner. Señora, si amo a Dios, buscaré la perfección, y si amo la perfección, nunca me creeré bastante adelantado en ella para agradar a Dios, que es infinitamente perfecto y que descubre manchas en sus mismos ángeles. Ea pues, Madre mía, alcanzadme estos amores, y ayudadme a vencer mis pasiones, evitar todo pecado y toda falta por leve que sea, a practicar las virtudes y a practicarlas con más pureza de intención y de un modo más perfecto cada día. ¡Oh, María!, a Vos me entrego, sed mi modelo, mi maestra, mi Madre y mi protectora, y nada temeré.

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