Amadores de Cristo


 

DIA 20 DE MAYO

AMOR A LA POBREZA

Pedid a María que os haga partícipes de sus sentimientos y de su espíritu de pobreza voluntaria.

1.º Las riquezas son espinas que hieren el corazón del hombre que las ama y se aficiona a ellas, y formando como una barrera a su alrededor, impiden que entre en él la semilla de la virtud con las divinas inspiraciones y la palabra de Dios. Por ello Jesucristo aconseja a cuantos quieran ser perfectos, que renuncien a los bienes de la Tierra, porque donde tiene uno su tesoro, allí tiene su corazón. Esta renuncia no la exige Dios en todos formal, real y completa; pero a todos manda tener su corazón libre del amor a las riquezas, sin afanarse por su adquisición, sin turbarse demasiado por su pérdida, y sin destinarlas a usos criminales y superfluos, poseyéndolo todo según el consejo del Apóstol, como si nada poseyesen. Esta es la pobreza de espíritu que merece la eterna bienaventuranza, y a que todos debemos aspirar con perseverancia, llegando a tener nuestro corazón tan ajeno a las riquezas en la abundancia como en la miseria. Alma mía, estas lecciones son de vida eterna; no las olvides, practícalas con constancia y te harán feliz.

2.º María nos presenta en su vida lecciones y ejemplos continuos de amor a la pobreza. Al tiempo de tomar estado vaciló en dar su mano al santo Patriarca José, a pesar de verle tan pobre que necesitaba del trabajo de sus manos para su manutención, y de que ella misma debía también trabajar para atender a sus necesidades. En su casa, en su vestido y en todo lo que le pertenecía, brillaba el amor a la pobreza que reinaba en su corazón, sin buscar nunca las riquezas, ni desear siquiera salir de su pobre estado. Obligada por el edicto del César a dejar su casa y trasladarse a Belén, lo hace con presteza, sin detenerla la miseria que la esperaba, ni turbarse su corazón por verse en el caso de retirarse a un establo para dar a luz a su Divino Hijo. Veía en todo esto un medio de unirse más con Dios, y su alma, ansiosa siempre de esta unión, se alegraba al verse libre de los lazos con que las riquezas estrechan el corazón. Alma mía, este es el concepto que debes formar de los bienes de la tierra. Son lazos que te impiden volar al Cielo. Rompe, pues, estos lazos, y libre de ellos esfuérzate en enriquecerte con bienes eternos.

3.º María, al ver a Jesús nacido voluntariamente en la pobreza para vivir y morir en ella, siente crecer más y más en su corazón el amor a esta virtud, y la practica con más perfección que antes, porque renuncia a las riquezas que se le proporcionan. Un momento se ve rica con los tesoros que le ofrecen los magos, y antes de que se fije en ellos su corazón, los hace pasar a manos de los pobres, quedándose Ella pobre con su Hijo, en términos de no poder ofrecer en el templo un cordero en sacrificio por Jesús. He aquí la perfección de la virtud. Alma mía, a vista de estos ejemplos, ¿aún fundarás tu felicidad en las riquezas?, ¿aún serás dura con los pobres, negándoles lo que te sobra?, ¿aún tendrás tu corazón pegado a los bienes perecederos?

AFECTO

¡Oh, María!, vuestro amor a la pobreza me admira, y me hace conocer cuán indigno soy del nombre de hijo vuestro. Yo he amado los bienes de la Tierra, yo me he gozado en su posesión, y me he afanado por adquirirlos, cuando os veo a Vos que renunciasteis a ellos y os hicisteis pobre voluntariamente. ¡Oh!, no más afán por las riquezas; no más amor a estos bienes que hoy son, y mañana no son; a estos bienes que, como espinas, hieren el corazón, y como lazos lo atan y sujetan en la Tierra. Renuncio, Madre mía, a su amor; y viviré aún en medio de la abundancia, como si no los tuviera, si Vos me enseñáis a conocer cuánto puede dañarme el apego a ellos. ¡Oh, María!, hacedme pobre de espíritu para que sea rico eternamente.

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