
DIA 11 DE MAYO
TEMOR DE DIOS
Pedid a María que imprima en vuestro corazón el temor de Dios, a fin de que jamás le ofendáis.
1.º El temor de Dios es el principio de la sabiduría o de la perfección, y la corona de la justicia: es un escudo impenetrable con que el alma resiste los golpes de la concupiscencia, y se libra del pecado a que ésta le induce, para no ofender a Dios. Pero este temor para ser santo no debe ser servil, mirando a Dios como un tirano, pronto a descargar el golpe de su ira sobre el que le ofende, sino un temor filial, esto es, el que tiene un hijo amante de su padre, que teme ofenderle y prefiere la muerte misma a hacerle la menor ofensa, porque teme con ello perder su amor, que es todo su consuelo. ¡Alma mía!, ¿tienes tú este temor santo, nacido del amor a Dios? ¡Ah, si lo tuvieras, no ofenderías tanto a tu Dios y tu Padre! Acércate, pues, a María, y pídele con confianza este temor.
2.º María es la madre del temor santo, así como lo es del amor hermoso, porque son inseparables; y así como Ella fue la primera de las criaturas en amar a Dios, así también estuvo poseída de un temor filial, humilde y amante, que rodeaba su alma como armadura impenetrable. Ella estaba segura de no ofender a Dios, porque su voluntad estaba unida a la de Dios de un modo inefable y altísimo; pero a pesar de ello, su corazón, como lleno de los dones del Espíritu Santo, poseía también en un grado eminente el don santo y perfecto del temor de Dios. ¡Alma mía!, tú estás expuesta cada momento a ofender a Dios y perder su amistad. ¿Podrás, pues, no desear y buscar este temor santo, filial y saludable? María, Madre del amor hermoso y del temor, es tu Madre: pídeselo, pues, con confianza, y te lo concederá.
3.º El temor de Dios que tenía la Santísima Virgen es el modelo del que debe dominar en nuestros corazones. Si quieres, pues, alma mía ajustarte a este modelo perfectísimo, haz que tu temor nazca de dos principios: el conocimiento de la bondad y justicia de Dios, y el de su grandeza. El primero te librará del pecado, que es la ofensa e injuria mayor que se hace a esta bondad, y lo que más debe temer un hijo, porque le atrae el odio de Dios, y le hace objeto de su ira, sujetándole a su justicia. El segundo te mantendrá en la humildad con la consideración de la infinita grandeza y gloria de Dios. Tal fue el temor de Jacob, cuando conociendo la presencia de Dios en el lugar donde estaba, exclamó: Terrible es este lugar, porque no es otro que la casa de Dios. Este temor respetuoso permanece siempre en el alma, y la hace humilde y vigilante sobre sí misma, para no ofender a su Dios. He aquí el temor que María enseña con su ejemplo, y comunica a los que se lo piden. Hazlo tú, y te hará perfecta en la virtud.
AFECTO.
¡Oh, María, madre del temor santo y perfecto! Vos que lo poseísteis en el grado más sublime que puede imaginarse, como esposa del Espíritu Santo, que os lo comunicó plenamente, comunicadlo a mi pobre corazón, y pedid a vuestro divino Esposo lo infunda sin cesar en mi alma, para que sea mi escudo, mi fortaleza, el principio de mi perfección, el fundamento de mi humildad, el sostén de mi alma, y mi corona de justicia en el último día. ¡Madre mía! Vos no queréis que ofenda a Dios; enseñadme, pues, a temerle, y haced que mi temor sea humilde, filial y amante como el vuestro, para que como Vos posea a Dios eternamente.