Amadores de Cristo

DIA 17 DE MAYO

BUEN EMPLEO DEL TIEMPO

Honrad e imitad a María, que pasó toda su vida en la práctica de las buenas obras.

1.º Andad mientras tenéis luz, dice el Señor Jesucristo, porque viene la noche en que nadie puede obrar. Esto es, aprovechad bien el tiempo, porque es breve, y en la muerte nada podréis hacer. No se te pase, pues, inútilmente la menor parte del día bueno, añade el Espíritu Santo. El tiempo de la vida es el único que se nos concede para obrar nuestra salvación, y del empleo de este tiempo depende nuestra mayor o menor felicidad. ¡Alma mía!, si te convencieras del precio del tiempo, ¿dejarías pasar tantas horas y tantos días sin hacer nada en orden a la eterna felicidad? Cada momento, dice san Bernardino de Sena, vale tanto como Dios, porque cada momento puedes perder o merecer la posesión eterna de Dios. Un momento te vale una eternidad. ¿Te atreverás a pasarlo inútilmente?

2.º María, conocedora perfecta del valor infinito del tiempo, no dejó pasar un solo instante en la ociosidad corporal ni en la espiritual. Retirada en el templo, y después en su pobre casa de Nazaret, se ocupaba sin cesar en labores humildes, para atender con su esposo a sus necesidades; y considerando que el trabajo es la herencia y el castigo temporal de los hijos de Adán, se empleaba en él con espíritu de penitencia, no buscando jamás ni la abundancia ni la riqueza. ¿Miras tú así el trabajo corporal, alma mía? ¿Cuántas veces lo consideras como una desgracia, y te ocupas en él con tedio? Aprende de María a hacer del trabajo un ejercicio de virtud, y del tiempo que en él empleas, un tiempo de expiación, de penitencia y de méritos para la vida eterna.

3.º No se contentó María con emplear el tiempo en el trabajo corporal, porque sabía que el principal objeto para que debemos aprovecharle es el de la santificación y la salvación eterna. Por ello de su misma ocupación corporal hizo un medio de salud, no buscando en ella sino a Dios, y ni un momento dejó pasar, bien estuviese trabajando, bien orando, en que no amase a Dios, en que no le glorificase, en que no atendiese al único fin de su existencia, y en que con obras de caridad no procurase el bien de los prójimos. Así es como su alma, hermosa ya en su principio como la aurora, fue subiendo hasta ser luna perfecta, y presentarse al mundo como mujer vestida del Sol divino, que en ella difundía toda su luz. Alma mía, el tiempo se te ha dado para que te santifiques y te salves, empleándote en obras de virtud interior y exterior: cuanto mejor lo hagas, mayor será tu perfección, y mayor será tu gloria. ¿Te mostrarás aún indiferente y descuidada en el buen empleo del tiempo?

AFECTO

¡Oh, María!, la brevedad del tiempo me espanta, y, sin embargo, apenas me aprovecho de él. ¡Ah!, cuántos días, y aún años, he perdido que bien empleados me hubieran producido una gloria eterna! No más perder este tiempo tan precioso, Madre mía. Yo sé que del estado de mi alma en el momento de la muerte depende mi suerte eterna, y sé que ese momento es incierto. No permitáis, pues, Señora, que yo viva desprevenido, no permitáis que deje pasar un solo instante sin trabajar en mi salud eterna. Si mi fragilidad, o el mundo, o el demonio, me hacen olvidar este propósito, recordádmelo Vos, Madre mía, y ayudadme a cumplirlo fielmente, para que el tiempo bien empleado en la Tierra sea el preludio de una eternidad feliz y bienaventurada en el Cielo.

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