
DIA 19 DE MAYO
OBEDIENCIA
Adorad e imitad a Jesús, en todo sumiso y obediente a María y a José.
1.º La obediencia es fruto de la humildad, y aun puede decirse que es la práctica de esta virtud. Por ello San Pablo al hablarnos de la voluntaria humillación del Hijo de Dios, la confirma diciendo, que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. La obediencia es en extremo agradable a Dios, porque con ella le ofrece el hombre el sacrificio entero de sí mismo, renunciando a su voluntad propia, y sujetando su juicio al de quien le manda. La perfección de esta virtud se funda en la sumisión a la voluntad de otro, considerándole como superior puesto por Dios mismo; y es tanto más perfecta, cuanta menos superioridad tiene la persona a quien se obedece, y menos se detiene la voluntad en juzgar sobre lo que se le manda. Alma mía, en vano te llamarás humilde, mientras no sacrifiques tu voluntad y aun tu juicio en las aras de la obediencia, y mientras obedezcas con repugnancia, con murmuración o por respetos humanos.
2.º Los dos modelos de obediencia que se nos presentan para nuestra imitación, son Jesús y María. Aquél siendo, como Dios, Dueño absoluto de todo el universo, sin que haya cosa alguna que se resista a su voluntad, hecho hombre se hace humilde y obediente. Obedece primero al Padre Eterno, diciendo públicamente no haber venido para hacer su voluntad, sino la del que le había enviado. En segundo lugar, se hizo súbdito de María y de José, según dice el Evangelio, obedeciéndoles en todo. Finalmente, se sujeta a las autoridades paganas, pagando tributo al César; y aun a sus mismos verdugos, no resistiendo a ninguno de ellos en su pasión. Alma mía, si el Hijo de Dios se hace obediente para enseñarte a obedecer, y se sujeta a los que le eran inferiores, ¿te negarás tú a obedecer a los que Él mismo te ha puesto por superiores? ¿Creerás indigno de ti sujetarte por Dios a tus iguales, y aun hacer la voluntad de tus inferiores?
3.º María, perfecta en todas las virtudes desde el principio de su vida, nos presenta en sus acciones el segundo modelo de obediencia. Desde sus primeros años renunció a su voluntad, y obedeció a sus padres mientras vivieron, y por obediencia se unió en desposorio con San José. Desde entonces la voluntad de éste fue la suya, sin dejar jamás de obedecerle como a un superior que Dios le había dado. Su obediencia fue humilde, silenciosa y activa. Humilde, reconociéndose inferior a todos; silenciosa, sujetando su juicio con su voluntad; y activa, apresurándose a obrar y hacer lo que de ella se exigía, no siendo opuesto a la voluntad de Dios. Así es como se sujetó al edicto del César, que le obligó a dejar su casa y pasar a Belén; y así es como obedeció a su esposo cuando le dijo, de parte de Dios, ser preciso huir a Egipto. ¡Oh, cuán bello y seguro es obrar por obediencia! ¡Alma mía!, aprende de María a practicar esta virtud, y a perfeccionarla con los caracteres que en la suya descubres. No puedes decir que imitas a tu Madre, mientras no copies en ti esta hermosa virtud que en ella tanto resplandece.
AFECTO
¡Oh, María, Virgen obedientísima!, que desde vuestro nacimiento renunciasteis a vuestra voluntad para obedecer en todo; enseñadme a practicar como Vos esta virtud, y a practicarla con perfección. Hacedme para ello humilde, a fin de que mi amor propio no haga dominar en mi corazón mi propio juicio y voluntad. Vos, que amasteis tanto la obediencia y la hicisteis regla de vuestras acciones en todos los estados de vuestra vida; Vos, que os humillabais cuando habías de mandar y cuando veíais a Jesús hecho súbdito vuestro, imprimid en mi corazón vuestros sentimientos, para que arraigados en él, me dirijan por el camino de la humildad y obediencia al término feliz prometido a los que os imitan en estas virtudes.