Amadores de Cristo

DIA 22 DE MAYO

PACIENCIA

En todas vuestras penas, traed a la memoria el admirable ejemplo de la Virgen Santísima al pie de la cruz.

1.º La paciencia os es necesaria, dice el Apóstol, para que, haciendo en todo la voluntad de Dios, alcancéis el premio prometido. El mismo Hijo de Dios debió padecer para llegar a su gloria; y como dice Job, la vida del hombre es una continua milicia, y debe luchar siempre con enemigos formidables. Esta lucha debe ser más bien pasiva que activa; y las armas del cristiano deben ser las de la justicia con la paciencia, para sufrir en silencio y aun con alegría las penas que lleva consigo la condición humana, porque no puede llegar el hombre al Cielo si no está labrado con los golpes de la tribulación sufrida con paciencia. Alma mía, ¡cuán necesaria es esta virtud para ser perfectos! Todo cuanto nos sucede lo dispone, o lo permite Dios para nuestra santificación. Si no sufrimos, pues, las penas que esto nos causa, ¿podremos decir que queremos santificarnos?

2.º María nos enseña con su ejemplo la virtud de la paciencia, porque sufrió siendo inocente. Sufrir la pena de nuestras culpas no forma un acto verdaderamente perfecto de paciencia, sino de mortificación; pero sufrir lo que se padece sin culpa, es ya una prueba de la virtud de que hablamos. María era inocentísima, y no se había hecho digna de castigo alguno. Sin embargo, sufre con paciencia las incomodidades naturales, las humillaciones y desprecio de los hombres, las persecuciones de Herodes, la pobreza, y sobre todo padece con su Hijo, haciéndose participe y compañera suya en la pasión. Alma mía, viendo a tu Madre que sufre con paciencia las adversidades, ¿rehusarás el padecer tú y sobrellevarlas con paciencia? Si mereces la tribulación, súfrela como castigo, si no la mereciste, súfrela como medio de perfección con humildad y con paciencia.

3.º María nos enseña a hacer más perfecta nuestra paciencia en el modo de sufrir las adversidades. Se ve pobre, se ve expuesta y próxima a ser abandonada por su esposo, se ve precisada a huir por los desiertos y vivir en país extraño, y su boca no profiere siquiera una palabra de queja y de impaciencia; no culpa a su esposo, no atribuye a nadie la causa de sus trabajos; se humilla, se confiesa merecedora de ellos, y sufre sin quejarse, sufre en silencio, no buscando consuelo alguno de las criaturas, ni otro testigo de sus penas que a Dios. Alma mía, he aquí el modelo. ¡Ah, cuán mal lo has imitado hasta ahora! Has acriminado a los hombres; te has quejado tal vez de la Providencia en tus trabajos, has buscado consuelos humanos, y todo lo has hecho menos acudir a Dios, y en silencio aceptar tus penas, ofreciéndoselas a Dios en testimonio de que te sujetas a su voluntad santísima. Confúndete a la vista de María, y propón ser más paciente y sufrida en adelante.

AFECTO

¡Oh, María!, Virgen pacientísima en todos los trabajos de vuestra vida: miradme con ojos benignos como a hijo vuestro, y dignaos infundir en mi corazón los sentimientos de paciencia que siempre os animaron. Enseñadme en primer lugar, con vuestro auxilio y con vuestro ejemplo, que quiero siempre tener delante, a recibir con sumisión los trabajos y penas que Dios me envíe, valiéndose de sus criaturas; enseñadme a mirarlos como un ligero castigo de mis culpas, y finalmente a sufrir en silencio como Vos, buscando sólo en Dios, la fortaleza y el consuelo que necesita mi debilidad. Hacedlo así, Señora, Reina de los Mártires, para que poco a poco llegue a amar la cruz y a vivir y morir en ella con Jesús, sacrificando en sus aras mi corazón, como Vos lo hicisteis.

Volver al Ramillete de Flores Místicas.