Amadores de Cristo

DIA 31 DE MAYO

PERSEVERANCIA

Pedid a menudo, y con mucho fervor, a la Virgen Santísima que os alcance el don de la perseverancia.

1.º El que perseverare hasta el fin se salvará, dice el Señor Jesucristo; y sólo el que perseverare hasta el fin, porque ninguno que pone la mano en el arado y vuelve atrás los ojos es apto para el reino. En vano es practicar la virtud, si no se persevera en ella; en vano es ser devoto de María, si no somos constantes en su amor y su servicio. Dios, sin embargo, no está obligado a darnos la perseverancia, es un don gratuito de su amor; pero nosotros podemos alcanzarlo y aun merecerlo de congruo. ¡Quién nos lo alcanzará mejor que María! Alma mía, trabaja sin descanso en tu santificación, pide a María Santísima que te alcance el don de la perseverancia, y no temas.

2.º La palabra perseverancia puede tomarse en dos sentidos: como el don o la gracia de morir en el amor y amistad de Dios, o como la constancia del hombre en la práctica sucesiva de las virtudes. En este segundo sentido se nos presenta también María como el modelo más propio para imitar. Si recorremos su vida, veremos una perfecta constancia en la práctica de todas las virtudes, y en el ejercicio de todas aquellas acciones que podían afianzarla en el amor de Dios. He aquí, alma mía, la perseverancia a que estás obligada, y que ha de ser el principio de la perseverancia final. Fija los ojos en María, y encontrarás tu modelo.

3.º María es la Madre de la perseverancia, y la alcanza con su intercesión poderosísima a todos sus verdaderos devotos. En esto se funda la máxima de los Santos, que dicen ser moralmente imposible que el verdadero siervo de María no se salve. Porque el hombre no se salva sino por la gracia, la gracia está en las manos de María, y esta tierna Madre, toda misericordia, no la niega jamás, especialmente en la última hora, a sus devotos que la invocan con amor y confianza. He aquí por qué exclamaba un amante fervoroso de María: «Con vuestra protección estoy tan seguro de perseverar y lograr el Cielo, como si ya estuviese en él.» ¡Oh, qué motivo tan poderoso para no desmayar en el servicio de esta Reina! Persevera, alma mía, en el amor de María, confía en ella, y no serás confundida: tu salud es cierta.

AFECTO

¡Oh, María!, la consideración de mi debilidad me hace temblar por mi salud eterna; pero la esperanza en vuestra protección me infunde una seguridad inexplicable. ¡Ah!, Vos, Reina del Cielo y de la Tierra; Vos, Madre de misericordia; Vos, mi tierna Madre, ¿podréis abandonarme si acudo a Vos? Si alguna vez hubiera esto sucedido, podría aún temer; pero vuestro amor me tranquiliza, vuestro poder me infunde una esperanza segura. Yo no os dejaré, Madre mía; no me dejéis Vos, y seré salvo. Jesús concede cuanto le pedís; pedidle para mí el don de la perseverancia, y hacedme santo.

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