Amadores de Cristo

Ya por cambiar, ¡hasta las fechas!

La secta satánico-masónica que ha usurpado la Silla de Pedro, y que se refugia en el Vaticano y en la totalidad de templos y edificios antiguamente pertenecientes a la verdadera Iglesia de Cristo, entre otras herejías contiene la modernista —de por sí compendio de todas las existentes—, por lo que ha sido prolija en cambiar todo, para que nada en su seno se parezca a la Iglesia que suplantó el 28 de octubre de 1958. (¿Nos recuerda a Lutero?)

Y las fechas del santoral no podían ser menos, así que, de forma caprichosa, cambió las de las celebraciones de todo tipo: santos, Vírgenes, solemnidades, etc. Aquellos de avanzada edad que celebraban su onomástica en determinada fecha, han visto que, con el “Novus Ordo” satánico-masónico, ya no es así, y hasta llegan a dudar u olvidar cuando celebrarla.

Si algo es determinante en la verdadera Iglesia de Cristo, son sus cuatro notas: Una, Santa, Católica y Apostólica, a las que se puede añadir Romana.

Quizá la principal de las notas sea Una, pues la unidad es fundamental para mantener la fe en un único Dios, Trino, y para que, al ser Católica (Universal), sea la misma en todas partes, sin cambio ni diferencia alguna, ni por idioma, ni por cultura, ni por costumbres. Y no sólo en la Doctrina, sino también en la Liturgia y todas sus demás manifestaciones. Por eso es necesaria una única lengua común, el Latín; un único Rito, el Tridentino; un único Canto, el Gregoriano; una única Música, la Sacra. Es decir que, celebre quien celebre y en dónde se celebre, todo sea igual en el resto del mundo: que haya Unidad.

Una Iglesia Santa lo es por absoluta aceptación del Dogma, pues en caso contrario queda, “ipso facto”, fuera de su pertenencia al Cuerpo de Cristo, ya que Cristo no puede ser Cabeza de una iglesia herética. Los actuales suplantadores del Vaticano son empecinados herejes, como lo han demostrado desde octubre de 1958.

¿Qué otros cambios harán los de esa secta satánico-masónica? Si no fuera porque millones de los que se consideran católicos están siendo engañados, daría igual. Claro que denota notoriamente que los que así mismos se denominan “católicos”, no lo son, pues desconocen la verdadera Iglesia de Cristo, de la que no conocen nada: ni sus dogmas, ni su Magisterio; por lo que hicieron exclamar al propio Jesucristo: “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Luc. 18, 8.)

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