
DIA 1 DE MAYO
La Inmaculada Concepción de María
ACTO DE CONTRICIÓN
Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.
Preparado está, Señor, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.
Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.
Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.
Amén.
PUNTOS DE MEDITACIÓN
1.º El poder inefable del Altísimo se desplegó en favor de María desde el primer instante de su Concepción, preservándola del común tributo de la culpa original. No podía Dios concederle una gracia superior a ésta, ni darle una prueba mayor de amor y predilección: porque ella fue la más honrosa para esta Señora, la que la hizo llena de gracia, y bendita entre todas las mujeres, y la base de todas sus grandezas, siendo por lo mismo lo que más apreció su alma. ¡Todo el mundo está manchado con la culpa, y sólo María es preservada!
Alma mía, ¡cuán horrible es la mancha del pecado, que Dios no pudo consentirlo en su Madre! ¡Qué te importa tenerlo todo ni ganarlo todo, si no estás en gracia y te pierdes! Si no huyes hasta de la sombra del pecado, ¿podrás llamarte devoto de María Inmaculada?
2.º María, concebida sin pecado original, conoció y amó a Dios con todo su corazón. Esta gracia la ponía en estado de conocerle y amarle cuanto era posible, porque dejaba su entendimiento libre de ignorancia, y su corazón exento de repugnancia o resistencia, y aprovechándose de estos dones empleó toda su vida en corresponder fielmente a ellos, avivando más y más en su corazón la llama de la caridad, que se difundió en él por el Espíritu Santo, que tan estrechamente se unió con Ella.
Es verdad que no he recibido favores tan grandes como los que recibió María, pero ¡cuán ingrato e insensible me he mostrado con mi Dios! ¡Cuán poco me he ocupado en apreciar y agradecer sus misericordias!
3.º María, preservada de la culpa original, guardó con el mayor cuidado el tesoro de la divina gracia. Su amor tan puro a Dios, y su fidelidad, la hicieron trabajar sin intermisión para alcanzar mejores dones, porque ella sabía bien que una gracia se nos da siempre para merecer otras mayores.
Si atiendo a mi vida pasada, sólo mis lágrimas pueden desahogar un poco el grande aprieto de mi corazón, que apenas se ha cuidado del amor a su Dios y Redentor. Y sólo la confianza en su bondad pueden dilatarme, para desde hoy correr en pos de su voluntad, buscando sobre todo el uno tan necesario. ¡Ah!, ¡cuán olvidado he vivido de esta verdad!
AFECTO
Yo me complazco, ¡oh, María!, en vuestras glorias, y mi alma se regocija en el Señor, al veros adornada con un privilegio que os eleva sobre todos los hombres. Pero aún más me complace vuestra fiel correspondencia a gracia tan sublime. ¡Oh, Señora!, enseñadme a corresponder a las que el Señor me ha hecho, y me hace de continuo, para que me conduzcan a la santidad, como a esclavo de vuestra Concepción Inmaculada.
ORACIÓN
Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia del Señor.
Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.
Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno de Dios.
Amén.
JACULATORIA
Regina sine labe concepta, ora pro nobis.
Oh, María, Reina concebida sin pecado, ruega por nosotros.
OBSEQUIO
Rezar nueve veces el Avemaría, uniéndonos a los coros de los Ángeles, y tres veces el Gloria Patri, dando gracias a la Trinidad Santísima por haber preservado a María del pecado original.
TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA
1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos para que sea puro mi entendimiento y mi corazón.
Ave María.
2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo y mi Señor Jesucristo.
Ave María.
3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.
Ave María.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de cielos y tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien el Señor ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!
A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los Pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.
¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.
Amén.
Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.
PRÁCTICA
El misterio más bello de la vida de María es su Concepción Inmaculada, base de todos los dones con que la enriqueció el Altísimo. Por ello ha sido siempre el misterio que más se han complacido en honrar todos sus amantes, habiéndose notado que no ha habido un solo Santo, en muchos siglos, que no haya sido muy devoto de María Inmaculada. El beato Alfonso Rodríguez se complacía tanto en honrar este misterio, que por espacio de cuarenta años rezó diariamente el pequeño oficio de la Concepción.
Alejandro de Ales, el venerable La Puente, el beato Berchmans, y otros muchos, se obligaron con voto a defenderlo. ¿Nos parecerá mucho, pues, repetir diariamente el obsequio puesto para hoy, o practicar alguna otra devoción sencilla en honor de María Inmaculada?