
DIA 27 DE MAYO
Gozo de María en el día de Pentecostés
ACTO DE CONTRICIÓN
Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del Cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.
Preparado está, Señor Jesucristo, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.
Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.
Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.
Amén.
PUNTOS DE MEDITACIÓN
1.º María Santísima ve, con el mayor gozo y consuelo de su alma, cumplido lo que había prometido su divino Hijo. En el mismo día de Pentecostés, cuando con los apóstoles y discípulos continuaba más fervorosa su oración, a la hora de tercia vino sobre su purísima alma, y sobre la de todos los que estaban congregados en el Cenáculo, el Espíritu consolador. El alma de María, que desde el instante de su Inmaculada Concepción era templo vivo del Espíritu Santo, le recibe hoy como esposo, que la viste con sus divinos dones, y la adorna con las otras gracias extraordinarias con que Dios suele distinguir, aunque con diferente medida, a sus amigos los santos. María aumenta hoy extraordinariamente sus méritos y tesoros espirituales. A Vos, pues, Virgen amantísima, acudiré a que me dispongáis para poder participar dignamente de los dones y frutos del Espíritu divino.
2.º María Santísima, anegada en un mar de caridad, se humilla más que nunca. Reconoce las bondades de su Dios: su corazón, siempre inocente y puro, se ve ahora enriquecido con nuevos dones: su caridad tan bien ordenada se despliega con toda la fuerza que da el mismo Espíritu de amor. María arde y, para acercarnos a percibir sus llamas luminosas, es preciso sacudir el polvo del mundo; menester es remover los obstáculos que nuestras mismas imperfecciones ponen al Espíritu Santo. ¡Oh, María, compadeceos de la más flaca de las criaturas! Olvidad mis desvíos e ingratitudes; mirad compasiva mi orfandad: pedid al divino Espíritu venga luego a mí, y me inflame en su caridad. ¡Oh, Espíritu consolador, venid a mí, pues mi alma de veras os desea, y no os quiero contristar más!
3.º María Santísima, tan rica con los dones y gracias del Espíritu Santo, como que Ella sola recibió más en este día que todos los que había allí congregados, no guardó este tesoro sólo para sí. Su caridad empezó a desplegarse más con los apóstoles, alentándoles a la predicación del santísimo nombre de Jesús, instruyéndoles en sus dudas, y dirigiéndoles en sus empresas. Su celo animaba a los recién bautizados que tenían la fortuna de hablarla. Sus palabras dieron calma a los atribulados, espíritu de penitencia a los caídos, consuelo a todos, hasta los más miserables. Todo lo tendremos por María, si con toda confianza acudimos a su amparo. Alma mía, si sabes esto, ¿por qué has sido tan remisa en la devoción a esta dulce Madre? Conoce tu falta; y desde hoy procura recobrar lo que por ella has perdido.
AFECTO
¡Oh, María, esposa del Espíritu Santo, unida hoy a vuestro Esposo con una unión tan inefable que os llenó de la plenitud de sus dones! Vedme, Señora, como un pobre en vuestra presencia; vedme rodeado de enemigos, agitado por las pasiones, combatido por la tentación. Los dones que habéis recibido para comunicarlos a los hombres bastan a librarme de todo. Vuestro amante San Bernardo me dice que me basta miraros y llamaros, para vencer todo lo que se me oponga. Os llamo, pues, Madre mía, y fijo en Vos mis ojos, estrella del mar fortalecedme y dirigidme con los dones del Espíritu Santo; santificadme con sus frutos, de que sois la repartidora, y salvadme con su gracia y amor.
ORACIÓN
Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia de Dios.
Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.
Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno de Dios.
Amén.
JACULATORIA
Oh, María, Spiritus Sancti Sponsa!, ora pro nobis.
¡Oh, María, esposa del Espíritu Santo!, ruega por nosotros.
OBSEQUIO
Rezar siete Avemarías para que María Santísima nos alcance los dones del Espíritu Santo.
TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA
1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos para que sean puros mi entendimiento y mi corazón.
Ave María.
2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo, mi Señor Jesucristo.
Ave María.
3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.
Ave María.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de Cielos y Tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien Dios ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!
A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.
¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.
Amén.
Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.
PRÁCTICA
El hijo que ama a su madre nada desea tanto como verla apreciada de todos, y a esto dirige todos sus esfuerzos, publicando sus virtudes, hablando de sus perfecciones, y celebrando sus gracias. Así lo han hecho los amantes de María, procurando a todas horas atraerle nuevos amadores. El beato Berchmans, en las horas de recreación, buscaba entre sus compañeros a los más amantes de María, para entretenerse en hablar de Ella. San Francisco de Borja procuró, con grande empeño, difundir la devoción a la Santísima Virgen por medio de retratos suyos, sacados del que pintó San Lucas. La venerable Santoniza, maestra de un monasterio, en ninguna cosa se esmeraba tanto en veinte y siete años que enseñó, como en infundir la devoción a la Santísima Virgen en el corazón de aquellas cándidas niñas. San Alfonso de Ligorio era también celoso de la gloria de María, como lo publican tantas obras escritas con el objeto de propagar su devoción. Finalmente, la misma Santísima Virgen manifestó a Santa Brígida lo que se complace en esto, cuando le dijo: Procura que tus hijos lo sean también míos. ¡Oh, cuánto nos amaría esta Señora, si procurásemos atraerle nuevos amantes, o animar más y más a los que ya son sus devotos!