Amadores de Cristo

DIA 29 DE MAYO

Vida oculta de María Santísima

ACTO DE CONTRICIÓN

Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del Cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.

Preparado está, Señor Jesucristo, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.

Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.

Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.

Amén.

PUNTOS DE MEDITACIÓN

1.º María Santísima, llena de gracia y en posesión pacífica de la justicia original, vivió en la Tierra como una vida media entre la de los bienaventurados y viadores. Su corazón estuvo de continuo abrasado en el más puro amor de Dios, aventajándose a los mismos serafines. Sus deseos, sus pensamientos, no sufrieron el más mínimo desvío, siempre fueron de Dios. Sus ansias fueron avanzar más y más en su amor, y así fue efectivamente en todas sus respiraciones y movimientos. Dichosa mil veces el alma que siga vuestros pasos generosos. ¡Oh, María! ¡Oh, antorcha inextinguible! Sea mi vida toda para el amor de Jesús.

2.º María Santísima, cual aroma precioso, exhalaba olor de suavidad continuamente ante el altar del Altísimo. Estaba como en continuo éxtasis, elevada en contemplación sublime. Sus ojos interiores, más vivos que los de los ángeles y profetas, miraban amorosamente a Dios; gustaba las delicias del Cielo, y parece que por María estaba escrito: Mi amado es para mí, y yo para él. No se suelen codiciar las castas delicias del espíritu, porque no se han gustado; ni el paladar grosero sabe apreciar el néctar que sólo beben los pobres de espíritu y los limpios de corazón. Sólo la memoria de María basta para hacernos entrar dentro de nosotros mismos, y alegrarnos en este reino interior con nuestro Dios, que siempre se agrada de corazones bien desocupados. Y si acudimos con fe y perseverancia a María, ¿no conseguiremos esta gracia? Sí, alma mía: llégate con confianza y la lograrás.

3.º María Santísima se reconocía por esclava de Dios, y así en la altura de tantas gracias y mercedes nunca perdió de vista su nada y pequeñez. Hizo un continuo esfuerzo para la propia negación. Así fue en los gozos tan templada, como en los continuos trabajos tan paciente, y en las más amargas tribulaciones tan esforzada. Ni los ángeles pueden bosquejar el templo interior de María, donde plugo a Dios habitar. Las sombras y fantasmas, que asustan a veces nuestro corazón, ¿de dónde nacen, alma mía, sino de que aún vivimos para nosotros mismos? El peso de las tribulaciones que le agrava, ¿de dónde sino de la fuerza de nuestro amor propio? María es Madre del santo amor; invoquémosla, y remediará los males de nuestra alma.

AFECTO

¡Oh, María!, arca viva del santuario de Dios, vuestro corazón es el huerto cerrado donde sólo entra el Esposo; y vuestra alma la fuente sellada por la Trinidad Santísima. ¿Quién comprenderá vuestra perfección interior? Mi alma en su pequeñez la admira, y desea ocuparse en contemplarla. Haced, Madre mía, que reflejen en mi corazón algunos rayos de esa luz que os circunda y os hace toda hermosa, para que también mi corazón, desprendido de la Tierra, sea un templo vivo del Espíritu Santo, donde sólo se queme el incienso de la oración en el fuego de la caridad, sobre la leña de la mortificación, para que mi vida sea un holocausto perpetuo de olor suavísimo a Dios.

ORACIÓN

Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia de Dios.

Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.

Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno de Dios.

Amén.

JACULATORIA

O Maria! magistra et exemplar virtutum, fac me similem tibi.

¡Oh, María!, maestra y modelo de todas las virtudes, enseñadme a imitaros.

OBSEQUIO

Rezar tres Avemarías para que María Santísima nos alcance de Dios la gracia de imitar sus virtudes.

TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA

1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos para que sean puros mi entendimiento y mi corazón.

Ave María.

2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo, mi Señor Jesucristo.

Ave María.

3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.

Ave María.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de Cielos y Tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien Dios ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!

A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.

Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.

¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.

Amén.

Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.

PRÁCTICA

Entre todos los caracteres de la devoción y amor a María, ninguno se nos puede ofrecer tan marcado y seguro como el de la imitación de sus virtudes. La misma Santísima Virgen lo dijo así a una sierva suya de la tercera Orden de Santo Domingo, que le pedía se dignase enseñarle un ejercicio que le fuese agradable. Imita, le dijo, mis virtudes, en especial mi caridad, mi humildad y mi pureza. Convencido de esto San Francisco de Borja, formaba y repartía, mensualmente, entre las señoras de la corte de Madrid, cedulitas en que ponía una virtud de María Santísima para que procurasen imitarla durante aquel mes, con lo cual logró admirables resultados. Practicaba también esta devoción la venerable Francisca de Jesús, religiosa de Santa Teresa, que cada semana solía considerar las acciones principales de la vida de Nuestra Señora, procurando imitarlas con sumo cuidado. Este ejercicio puede hacerse, sobre todo, en las octavas de la Santísima Virgen, como lo aconsejaba San Vicente Ferrer, y después San Alfonso de Ligorio, imitando en la octava de la Concepción, la pureza de intención; en la del Nacimiento, la renovación del espíritu; en la Presentación, el desprendimiento general, y en especial de alguna cosa preferida hasta entonces; en la Anunciación, la humildad; en la Visitación, la caridad; en la Purificación, la obediencia; y en la Asunción, el desapego de las cosas mundanas y preparación para la muerte. ¡Oh, cuán meritorias serían de este modo para nosotros las fiestas de María!

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