
DIA 5 DE MAYO
María Santísima consagra al Señor su virginidad
ACTO DE CONTRICIÓN
Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.
Preparado está, Señor, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.
Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.
Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.
Amén.
PUNTOS DE MEDITACIÓN
1.º María, consagrada a Dios exteriormente por medio de su presentación en el templo, quiso consagrarse también interiormente, y de un modo más perfecto, haciendo de su cuerpo y de su corazón el templo del Espíritu Santo. Asegurada en la oración de ser ésta la voluntad de Dios, no titubeo ya un instante en ofrecerle para siempre el tesoro de su virginidad, por medio de un voto absoluto y perpetuo. Alma mía, si te ocuparas en la oración como María, ¡cuán fácil te fuera conocer lo que Dios exige de ti para llegar a la perfección a que debes aspirar! Acude, pues, a Ella, y resuélvete eficazmente a no poner obstáculo a la divina voluntad.
2.º María, a los tres años, ofrece a Dios la joya inapreciable de su virginidad. Detente alma mía, a considerar la grandeza de este sacrificio. María era de la tribu de Judá, y sabía que de esta tribu debía nacer el Mesías: era de la familia de David, y esta familia, según los Profetas, debía tener el honor de dar a luz al Deseado de las gentes. La época de su nacimiento se acercaba, según todos los vaticinios; y cuando todas las mujeres judías anhelaban por el matrimonio para tener en su familia al Mesías, María renuncia a esta esperanza; su humildad la hace creerse indigna de este honor, y abraza un estado que en concepto de los hombres la privaba de él. ¡Oh qué sacrificio tan sublime! ¡Oh qué humildad tan profunda!
3.º María es sin disputa la Reina de las vírgenes, pues fue la primera que hizo voto de ser perpetuamente Virgen; y he aquí otra circunstancia que da más realce al sacrificio de esta Niña. Ninguna mujer de su pueblo le había dado ejemplo, y sin embargo no temió exponerse a los dicterios que tanto habían afligido a la madre de Samuel. Se sobrepuso a todos los respetos humanos, y se entregó enteramente a Dios, porque ni sus deseos, ni sus afectos tenían otro término que a Dios mismo. ¡Oh, corazón mío, por qué eres tan mezquino! ¿Por qué te dejas dominar de los respetos humanos que te alejan de tu Dios? El Señor te busca para hacer de ti su templo, ¿y tú te resistes? ¡Oh qué ingratitud tan monstruosa!
AFECTO
¡Oh, María Virgen de las vírgenes! Yo me confundo al contemplar vuestra pureza, y al ver que muchas veces he perdido la inocencia. No merezco vuestras miradas, porque soy impuro; pero sois Madre y queréis volverme la estola perdida. Hacedlo así, Señora; vuestra protección me ayude a conservar la pureza, vuestro ejemplo heroico me inspire amor a una virtud que hace a los hombres dignos de alternar con los ángeles. El enemigo me tentará; pero yo acudiré a Vos, y al abrigo de vuestro manto conservaré puro y casto mi corazón, para que sea templo vivo del Espíritu Santo, y habite en él toda la Santísima Trinidad.
ORACIÓN
Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia del Señor.
Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.
Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno del Señor.
Amén.
JACULATORIA
O María! monstra te esse matrem: vitam præsta puram.
¡Oh, María! mostrad que sois mi madre: haced que mi vida sea pura y santa.
OBSEQUIO
Rezar tres Avemarías en memoria de las tres purezas de María Santísima, para alcanzar la virtud de la castidad.
TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA
1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos, para que sean puros mi entendimiento y mi corazón.
Ave María.
2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo y mi Señor Jesucristo.
Ave María.
3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.
Ave María.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de cielos y tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien el Señor ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!
A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los Pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.
¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.
Amén.
Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.
PRÁCTICA
El voto de castidad hecho por María nos hace conocer cuánto ama esta virtud y cuánto se complace en que la guarden sus devotos, ayudándoles con auxilios sobrenaturales para que no la pierdan. En el momento en que san Ignacio de Loyola se convirtió al Señor detestando su vida pasada, concibió tal amor a la pureza, que hizo voto perpetuo de ella ante una imagen de María, y esta Señora le libró ya para siempre de tentaciones y estímulos sensuales.
El angélico joven san Luis ofreció también a la Santísima Virgen guardar virginidad, y jamás se acercó a su alma el demonio para excitarle con tentaciones impuras. No todos debemos hacer estos votos; pero todos debemos ser castos en nuestro estado; y para lograrlo, ningún medio se nos presenta más eficaz que la devoción e invocación continua de María.