
DIA 16 DE MAYO
María Santísima muestra su Hijo Jesús a los Magos
ACTO DE CONTRICIÓN
Dios mío, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación; ved en vuestra presencia a un miserable pecador, a quien habéis criado y redimido con vuestra sangre, y que ingrato os ha ofendido tantas veces. Yo no soy digno de ser llamado hijo vuestro, pues he pecado delante del Cielo contra Vos; pero, aunque polvo y ceniza, me atrevo a postrarme en vuestra presencia, y a pediros perdón de mis enormes culpas, que detesto con toda mi alma.
Preparado está, Señor Jesucristo, mi corazón para hacer vuestra voluntad; hablad, que vuestro siervo escucha, iluminad mi entendimiento, y moved mi voluntad para que os ame en adelante, y sea todo vuestro, imitando las virtudes de vuestra Madre Santísima.
Yo os doy gracias, Padre eterno, por que os dignasteis escogerla como la más perfecta y la más pura de las criaturas, para que sirviese cumplidamente a los altos designios de vuestra misericordia, porque la hicisteis purísima en su Concepción, santísima en su vida, y gloriosísima en su asunción al Cielo.
Dignaos admitir los buenos deseos que me dais de obsequiar a esta Virgen inmaculada como Madre de vuestro Unigénito. Concededme sentimientos de humildad, reverencia y amor, bastantes para que, empleándome en su veneración y culto, y contemplando sus virtudes, las imite con vuestra gracia, y con ello contribuya a vuestra gloria y a la de esta Virgen, la más afortunada, y consiga el remedio de mis necesidades espirituales y aun temporales, si me conviene, y sobre todo firmeza en la fe, dilatación segura en la esperanza, y total aumento en la caridad.
Amén.
PUNTOS DE MEDITACIÓN
1.º María Santísima sabía que los Magos iban a adorar a Jesús, como primicias de la gentilidad. Estos príncipes poderosos venían de lejanas tierras guiados por una estrella, y preguntando por el recién nacido Rey de los judíos. Se les dice dónde debía nacer según los Profetas, y precedidos por el astro, llegan a la ciudad de David. María tenía a Jesús en sus brazos, cuando estos afortunados reyes entraron a adorarle en la cueva de Belén. Alma mía, si quieres hallar buena acogida en Jesús, acude a María, que es la estrella hermosa que te guiará sin tropiezo. ¡Oh, María!, en todos los negocios de importancia acudiré a Vos, e invocaré humildemente vuestro favor.
2.º María Santísima se llena de gozo al ver a estos hombres tan sabios y poderosos postrados delante de Jesús, derramando lágrimas tiernísimas de devoción, por ver tan bien cumplidos sus deseos. Si mis esfuerzos y trabajos no son por Jesús, ¿de qué me sirven? Los Magos hicieron tan larga jornada, y arrostraron tantos peligros por conocer y adorar a Jesús, ¡y yo que soy su discípulo, yo que le conozco por la fe, que le poseo por los Sacramentos, y siempre puedo estar junto a Él, soy tan remiso para buscar su gracia y su amor!
3.º María Santísima acepta y recibe, en nombre de su divino Hijo, el oro que le ofrecen los Magos, como a verdadero Rey de los Cielos y la Tierra; el incienso como a verdadero Dios y sacerdote, y la mirra como a verdadero hombre. Ella les habla en nombre de su Hijo, que naciendo niño se ha sujetado a no hablar, los instruye en las verdades de la fe, los fortalece en la virtud, y los bendice en nombre de su Hijo, convirtiéndoles en nuevos hombres amantes sólo de su Dios. Siendo tanto lo que he recibido de Jesús y lo que le debo, ¿qué le he ofrecido hasta ahora que sea digno de su majestad? ¿Por qué no le he de dar desde hoy mi amor todo entero, más frecuencia en la oración y divinas alabanzas, y una mortificación y negación de mí mismo la más continua?
AFECTO
¡Oh, María, Madre del Rey inmortal de los siglos, que lo presentasteis a los Magos reclinado en vuestro seno, como en el trono de su misericordia!, mostradlo también a mi alma como a ellos, y dignaos presentarle el oro de mi amor, el incienso de mis oraciones, y la mirra de mi mortificación. Pero antes, Señora, purificadlo todo para que sea ofrenda de olor suavísimo a vuestro Hijo. Vos en su nombre devolvisteis centuplicados estos dones a los Magos, con las gracias que enriquecieron sus corazones: haced también que mi alma, en premio de mi ofrenda, reciba de Jesús multiplicados estos dones, para emplearlos todos en su amor y en su gloria, como los Reyes del Oriente, y ser como ellos un fino amante de Jesús.
ORACIÓN
Gloria a Vos, ¡oh, Dios Padre!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Hijo!, gloria a Vos, ¡oh, Dios Espíritu Santo!, que enriquecisteis el corazón de María con tantos y tan singulares privilegios, que la elevaron al sublime rango de Hija, Esposa y Madre vuestra. Gloria también a Vos, ¡oh, María!, que supisteis cultivar las preciosas semillas que Dios puso en vuestro corazón, haciéndoles producir flores de exquisito perfume, que se exhaló en olor de suavidad en la presencia de Dios.
Yo, Dios mío, siervo vuestro, e hijo, aunque indigno, de María, postrado en vuestra presencia para daros gracias por las mercedes que concedisteis a mi Madre, os presento las bellísimas flores de sus virtudes, que acabo de contemplar, y os suplico que, aceptándolas benignamente de mi pobre mano, me concedáis la gracia que necesito, para reproducirlas en mi corazón, como hijo de esta Madre, y las bendiciones que por mí os pida esta Señora.
Yo os presento también a Vos ¡oh, María! las flores de los buenos deseos y afectos que me habéis inspirado en esta oración, y los santos propósitos que en ella he formado con el auxilio de la divina gracia. Cultivadlas, Madre mía, como flores consagradas a Vos; arrancad la maleza de las pasiones que pudieran sofocarlas; defendedlas del huracán furioso de las tentaciones, y haced que produzcan frutos de honor y de virtud que merezcan ser presentados por Vos a la Trinidad Santísima, y me atraigan el premio que está prometido a los que imitan vuestras virtudes, y os obsequian en este mes de bendición y de gracia. ¡Oh, María!, mostrad que sois mi Madre, y alcanzadme de vuestro Hijo, que después de una vida pura y santa, disfrute de vuestra compañía en el gozo eterno de Dios.
Amén.
JACULATORIA
Oh, María, sedes sapientiæ! ora pro nobis.
¡Oh, María, trono de la eterna sabiduría!, ruega por nosotros.
OBSEQUIO
Rezar tres Padrenuestros y Avemarías; diciendo en cada uno: Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía.
TRES SALUTACIONES A LA VIRGEN SANTÍSIMA
1.ª Yo os saludo, Virgen purísima antes del alumbramiento, y tan pura que fuisteis concebida sin pecado como Hija del Eterno Padre: purificad mis pensamientos y mis deseos para que sea puro mi entendimiento y mi corazón.
Ave María.
2.ª Yo os saludo, Virgen purísima en el alumbramiento, y tan pura que concebisteis, en vuestro seno virginal, al Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo, y fuisteis hecha Madre de Dios Hijo: purificad mis palabras para que todas sean castas y agradables a vuestro Hijo y mi Señor Jesucristo.
Ave María.
3.ª Yo os saludo, Virgen purísima después del alumbramiento, y tan pura que merecisteis ser templo del Divino Espíritu, y en cuerpo y alma ser llevada al empíreo, y coronada Reina del Cielo y de la Tierra, como Esposa del Espíritu Santo: purificad mis obras, para que todas ellas sean santas, y me atraigan las bendiciones de la Trinidad Santísima, en el tiempo y por toda la eternidad.
Ave María.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Ave!, inmaculada Virgen, dulcísima María, concebida sin pecado para ser Madre del mismo Dios, Virgen llena de gracia en todos los momentos de tu vida, y coronada como Reina de Cielos y Tierra en tu Asunción gloriosa; dígnate ser nuestra maestra, nuestro refugio y nuestra protectora, pues eres madre de misericordia, a quien Dios ha confiado los tesoros de su poder y su bondad, para que des a las almas la vida de la gracia con la dulzura de tu amor maternal. Por tu mediación y por tus ruegos lo esperamos todo, ¡oh, esperanza nuestra!, y por ello te saludan nuestros corazones, y con el Arcángel repiten nuestros labios una y mil veces: ¡Ave, María!
A ti, que benigna acoges a los que te invocan, y les concedes protección y auxilio en sus necesidades, sin cesar clamamos en estos días de bendición y de gracia para los infelices desterrados hijos de Eva. Hechos hijos de ira por el pecado de Eva, y por los nuestros, somos indignos de presentarnos a nuestro Dios, a quien han irritado nuestras iniquidades; y en nuestra miseria, a ti suspiramos, para que nos alcances gracia de tu Hijo, mientras vivimos gimiendo y llorando nuestras culpas en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora, que al pie de la cruz recibiste el título de Madre, y abogada nuestra, defiéndenos de todo peligro, líbranos de ofender a Dios en adelante; vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, para que tu mirada de misericordia haga renacer en nuestras almas la paz y la esperanza, y haga brotar y crecer en nuestros corazones las flores de humildad, de pureza y caridad, que contemplamos en el tuyo, porque sólo así mereceremos que después de este destierro nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre; y nos lo muestres propicio, cual en Belén lo mostraste a los pastores y a los Reyes, y cual lo ofreciste al Padre por la salvación del mundo.
¡Oh, Reina clementísima!; ¡oh, Madre piadosa y dulce!; a tus pies nos postramos para que nos defiendas de las asechanzas del enemigo de nuestras almas, cuya cabeza quebrantó tu planta, porque siempre fuiste Virgen: ¡oh, María!; siempre fuiste humilde, siempre santa, y, por tu humildad y tu pureza, digna del título de Madre de Dios. Sálvanos, pues, y ruega por nosotros, y por todos los que se llaman hijos tuyos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, amándole para siempre, y cantando contigo sus infinitas misericordias en el Cielo.
Amén.
Ahora se pedirán a la Santísima Virgen las gracias que se deseen alcanzar de su maternal corazón en este día.
PRÁCTICA
Entre los actos de devoción más agradables a la Santísima Virgen deben contarse las limosnas hechas en obsequio suyo. Alejandro Pereto, cardenal de Montalvo, celebraba las fiestas de la Virgen dotando a una doncella pobre. San Gregorio habla de un santo zapatero, llamado Adeodato, que en honor de María repartía el sábado, entre los pobres, todo cuanto ganaba en la semana, por lo cual a un alma santa se le mostró en visión un palacio suntuoso que Dios preparaba en el cielo a este siervo de María, y que no se fabricaba sino en día de sábado. Es cierto que no todos pueden dar limosna material; pero todos pueden darla espiritual, rezando un Avemaría para que María Santísima la proporcione al pobre que la pide, o rogándole por los pecadores, o por las almas del purgatorio. ¡Oh, cuánto agradan estas obras de piedad a la Madre de misericordia!