Amadores de Cristo

DIA 4 DE MAYO

HUMILDAD

Tened siempre de vosotros mismos los más bajos sentimientos, a ejemplo de la humilde María.

1.º El fundamento de todas las virtudes es la humildad, no porque sea la primera en orden y en dignidad, sino porque es el sostén y apoyo de las demás. Ella nace del conocimiento que el hombre tiene de Dios y de sí mismo, y hace que conociendo que de sí es nada, y que todo lo bueno lo recibe de Dios, lo atribuya a Dios todo, y nada a sí mismo: a no ser sus pecados, su miseria y su nada. He aquí por qué la humildad es el fundamento de la santidad, porque cuanto más humilde conocimiento tiene el hombre de sí mismo, más glorifica a Dios y le sirve por los beneficios que ha recibido, y más le ama por los dones que reconoce haberle hecho el Criador. ¡Alma mía!, ¿quieres ser santa? Sé humilde. ¿Quieres ser más santa? Sé más humilde. ¿Quieres ser humilde? Acude a María, y estudia e imita sus ejemplos.

2.º María es, después de Jesús, la más humilde de las criaturas, y su humildad fue el origen de su grandeza, como dice Ella misma en su hermoso cántico. Llena de gracias desde el primer instante de su vida, y santísima en toda ella, se humilla hasta el polvo y se llama esclava del Señor, cuando se le dice que va a ser su Madre. Elevada a este sublime carácter, y enriquecida con los dones más preciosos de la gracia, no por ello pierde el bajo concepto que tenía de sí misma. Los ojos de su alma se fijaban siempre en la nada de que la había Dios sacado, y en la pobreza y desnudez de espíritu en que hubiera estado siempre, si Dios no la hubiese escogido por puro amor entre todas las criaturas, y por ello todo lo atribuía a Dios, y a Él engrandecía sin cesar. ¡Alma mía! He aquí el primer ejemplo de humildad que te da María: eres nada: de ti mismo nada tienes y nada puedes. Júzgate, pues, como nada a los ojos de Dios, y atribúyele toda la gloria de los bienes interiores y exteriores con que te enriquece.

3.º María, que se creía la menor entre todas las criaturas, obraba siempre conforme a esta idea. Ella ocultaba en su corazón los dones del Cielo, sin descubrirlos jamás por sí misma, como hizo con San José respecto a su maternidad divina. Ella servía a los demás como una mujer inferior a todos, como hizo con Santa Isabel y con los apóstoles. Cuando era alabada, se humillaba refiriendo a Dios toda la gloria, y huía de los lugares donde podía serlo, mostrándose sólo en los que le podían ocasionar desprecios e insultos, como en el Calvario. He aquí, alma mía, el segundo ejemplo de humildad que te da María: la humildad exterior. Uno y otro fueron admirables y superiores a los de todas las criaturas, hasta merecer las miradas y el amor de Dios, que sólo da su gracia a los humildes. Si no la imitas, ni podrás llamarte hija de María, ni debes esperar las bendiciones de su divino Hijo.

AFECTO

¡Oh, María!, modelo perfectísimo de humildad interior y exterior. Yo me confundo, Señora, al presentarme a Vos, viendo mi soberbia y mi amor propio. ¡Vos tan rica en gracia y tan humilde; y yo tan lleno de pecados, y tan soberbio! ¡Oh, Señora!, ayudadme a desnudarme de esta soberbia; enseñadme a conocer mi nada, a conocer mis pecados y mis ingratitudes, y enseñadme, en fin, a ser humilde de corazón. Soberbio e hijo vuestro no puedo ser. Pues bien, yo prefiero lo segundo. Ayudadme, pues, Vos, que sois mi Madre, poned siempre ante mis ojos vuestros ejemplos y los de vuestro Jesús, y alcanzadme la gracia de una humildad profunda, para que todos mis pensamientos, palabras y obras lleven el sello de esta virtud, tan preciosa a vuestros ojos y a los de Jesús.

Volver al Ramillete de Flores Místicas.