
DIA 13 DE MAYO
ABNEGACIÓN DE SÍ MISMO
Al ejemplo y por el amor de María aplicaos a venceros a vosotros mismos, y a renunciar a vuestros gustos e inclinaciones viciosas.
1.º La perfección de la sumisión y conformidad con la voluntad de Dios, consiste en la abnegación interior de nosotros mismos, sin la cual no podemos ser verdaderos discípulos de Jesucristo. El que quiera venir en pos de mí —dice—, niéguese a sí mismo, tome su cruz todos los días y sígame. Esta abnegación nos conduce a vencer nuestras inclinaciones, a renunciar nuestra voluntad, y a no querer sino lo que Dios quiere, a no hacer sino lo que Dios manda, y a no desear sino lo que Dios desea en nosotros y fuera de nosotros. El que está sumiso a la voluntad de Dios le obedece, y se conforma con Él, recibiendo con gusto lo que le viene por voluntad divina; el que se niega a sí mismo pasa más adelante, y renuncia interior y exteriormente a todo lo que puede separarle de la voluntad de Dios; de modo que puede decir con san Pablo: No vivo yo, sino Cristo vive en mí. He aquí, alma mía, a dónde debes llegar, si quieres pertenecer de veras a Jesús.
2.º María nos ofrece en su corazón un ejemplo perfecto de esta abnegación. Persuadida de que no había nacido para sí, sino para Dios, le ofreció desde luego el sacrificio de todo su ser, y levantando su corazón, le decía como su Hijo Santísimo: He aquí, Señor, que he venido para hacer tu voluntad: no he nacido para hacer mi voluntad, sino la tuya. Preparado está mi corazón, inclinadle, Dios mío, hacia vuestros mandamientos. Con estos sentimientos, su corazón vivía como muerto a sí mismo, sin alimentar en su seno deseo ni afecto alguno que no estuviese modelado según la divina voluntad. ¿Obras tú así, alma mía? ¿Cierras tu corazón, como la Santísima Virgen, a todo amor propio, a todo deseo desordenado, viviendo una vida muerta y escondida con Cristo en Dios?
3.º María, no sólo se negó a sí misma interiormente, sino también en lo exterior. No sólo negó a su corazón toda libertad para amarse a sí mismo, y desear cosa alguna contraria a la voluntad de Dios, sino que también reprimió las inclinaciones exteriores. Es verdad que su carne, sujeta enteramente al espíritu, no se rebelaba contra él, ni se dejaba éste arrastrar de los apetitos y pasiones; pero a pesar de ello velaba continuamente sobre sí; y con una abnegación perfecta, no sólo se negaba lo ilícito, sino también lo lícito, no haciendo jamás cosa alguna, por mínima que fuese, con el objeto de satisfacerse y complacerse a sí misma. ¿Por qué no imitas a tu Madre, alma mía? Las pasiones te combaten, los apetitos te solicitan, el amor propio te domina, y tú, lejos de negarte a ellos y a ti misma, los alimentas sin cesar. ¿Cómo, pues, te atreves a llamarte hija de María, y decir que perteneces a Jesús?
AFECTO
¡Oh, María!, dulce Madre mía, Reina vestida del dorado vestido de la caridad, y rodeada de la variedad de las virtudes; enseñadme a vencerme y negarme a mí mismo, a combatir y vencer mis pasiones, a negar a mi cuerpo lo que piden mis apetitos, a cerrar la entrada de mi corazón al amor propio, y a renunciar enteramente a mi voluntad como Vos. No podré ser hijo de Dios, si no me dejo llevar del espíritu de Dios; no podré ser discípulo de Jesús, si no me niego a mí mismo. Hoy, pues, principio, Madre mía, a hacerlo; ayudadme, sostenedme, y alcanzadme la gracia que necesito para comenzar y perseverar en esta negación hasta la muerte.