Amadores de Cristo

DIA 1 DE MAYO

FE

Imitad la fe humilde, firme y viva de la Santísima Virgen María.

1.º La fe es la primera de las virtudes del cristiano, sin la cual no es posible agradar a Dios; es la aurora de la vida de la gracia; la luz que nos descubre las perfecciones y las grandezas de Dios, y la estrella que, como a los Magos, nos precede en nuestro viaje sobre la Tierra hasta encontrar la puerta de la eternidad. Pero esta fe, para ser verdaderamente tal, ha de ser humilde, firme, viva o activa. He aquí los caracteres de la fe de María que debemos imitar. Fue humilde, porque sujetó su entendimiento, aunque ilustrado naturalmente, a las verdades de la Religión, sin inquirir sobre ellas, ni dudar en lo más mínimo, ni buscar razones humanas para convencerse. Lo que Dios dice no puede menos de ser cierto. Este es todo el argumento de una fe humilde como la de María. ¡Alma mía!, ¿te acomodas a este modelo tan perfecto? ¿Humillas tu entendimiento ante las aras de la fe?

2.º La fe de María fue firme en sus principios, y constante en todas las pruebas a que Dios la sujetó, sin vacilar jamás por las circunstancias que parecían contradecirla. Se le dice que concebirá siendo virgen, y lo cree; ve a su Hijo en un pesebre, y le adora como Criador del Cielo y de la Tierra; le mira sujeto a todos los accidentes de la infancia, pequeño, pobre, perseguido, y cree fielmente que es eterno, omnipotente. Le ve llorar y que no hablaba, y no duda de su infinita sabiduría. Le ve blasfemado, atormentado y muerto en una cruz, y permanece firme en su fe, y no vacila ni un solo instante. ¿Cuál era la causa de su firmeza? El ángel había dicho: El que de ti nacerá será Hijo del Altísimo; y esto fue bastante para que creyese. ¡Oh, qué ejemplo, alma mía! ¿Cuántas veces dudas, y no desechas los pensamientos que el demonio te sugiere contra la fe, porque el aspecto de las cosas no parece corresponder a su grandeza? Imita a María en su firmeza, y tu fe te preparará la salvación.

3.º La fe de María no sólo fue humilde y firme, sino también viva, porque fue la regla de sus acciones y la vida de su alma. La fe le decía que Jesús era Dios, y no sólo lo creyó, sino que le adoró y permaneció firme al pie de la cruz, dando un público testimonio de su divinidad. Por esto, la Iglesia canta en su honor: Gózate ¡oh, María!, porque tú sola destruiste todas las herejías en todo el mundo. ¡Alma mía!, tú has recibido de Dios el don precioso de la fe; pero esto de nada te servirá si tu fe está muerta y no imitas a María, haciendo de ella una virtud práctica . Dices que crees, haz lo que dices, y entonces tendrás fe, escribe san Agustín. Si quieres imitar la fe de María, vive como Ella, sea la fe la regla de todas tus acciones, y no digas ni hagas jamás cosa alguna indigna del que cree, como María, y se confiesa miembro de Jesucristo por la fe.

AFECTO.

¡Oh, María, luz de todos los fieles! Reina de la verdadera fe, que conservaste siempre encendida su luz en medio de las tinieblas de las tribulaciones y pruebas a que os visteis expuesta: vedme a vuestros pies, deslumbrado con el brillo de vuestra viva fe. Yo, Señora, también he recibido de la divina misericordia este don precioso, pero no he puesto en ejercicio este don haciendo de él una virtud práctica con mis obras. Mi fe hasta ahora ha sido muy débil, y muchas veces ha sido muerta y aparente. Señora, vivificadla, aumentadla, y haced que se adelante, teniéndoos a Vos por modelo, y publiquen mis palabras y mis obras que soy, por ella, miembro vivo del cuerpo místico de Jesucristo.

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