Amadores de Cristo

DIA 6 DE MAYO

CARIDAD

Honrad e imitad la tierna caridad del Santísimo Corazón de María.

1.º María, abrasada en amor de Dios, no podía menos de amar también a los hombres con caridad intensísima, proporcionada a la que en su Corazón se alimentaba hacia Dios, porque estos dos amores se unen de tal manera, que no puede existir el uno sin el otro. El que dice que ama a Dios, y no ama a su hermano y le socorre en sus necesidades, no habla verdad, dice San Juan, y no permanece en él la caridad de Dios. ¡Alma mía! He aquí en estas palabras del discípulo amado, y en el ejemplo de María, una regla cierta para conocer si amas a Dios. Si no amas a tus prójimos; si hay uno sólo a quien aborreces y desprecias, teme que el amor que te glorías tener a Dios sea sólo una ilusión y una apariencia sin realidad.

2.º María amó a sus prójimos con una caridad verdadera y desinteresada. Miraba a los hombres como criaturas de Dios, hechas a imagen y semejanza suya; veía en ellos la obra predilecta del Altísimo, en que más resplandece su gloria, y que forma el objeto especial de su providencia; y bajo este respecto los amaba con amor perfecto para gloria de Dios. Su caridad tenía por modelo la caridad misma de Dios, los amaba a todos como Dios, los amaba principalmente en sus almas, deseándoles, como Dios, que fuesen eternamente felices, y extendía también su amor a sus cuerpos y a sus bienes, como medios de lograr aquella felicidad. En una palabra: los amaba como criaturas de Dios, para gloria de Dios, y para la salvación de sus almas. ¡Alma mía!, aprende a imitar el modelo que te ofrece María, y con ello imitarás también la caridad que nos tiene el mismo Dios.

3.º María no solo amó a los hombres con afecto interior o de palabra, sino que hizo ostensible su caridad con sus obras. Nunca hizo ni deseó mal a nadie: a todos bendecía, por todos oraba, a todos procuraba servir, socorría en cuanto lo permitía su pobreza a los necesitados, consolaba a los afligidos, y se complacía en hacerles todo el bien que podía, llegando hasta pedir a su Hijo hiciese un milagro en las bodas de Caná: en una palabra, practicaba todas las obras de misericordia. Y finalmente consintió en ser nuestra Madre al pie de la cruz, a pesar de ser nosotros la causa de la muerte de su Hijo Santísimo, pidiendo en unión con éste al Eterno Padre que nos perdonase. ¡Alma mía!, corre a María, y, pues es nuestra Madre, pídele te enseñe y te ayude a practicar esta virtud tan preciosa a los ojos de Dios, y necesaria al hombre.

AFECTO

¡Oh, María!, el amor que nos tenéis os hizo tomar el título y oficio de Madre nuestra. ¿Puede una madre dejar de querer el bien de sus hijos? Vos que tanto amasteis siempre a los hombres, y deseasteis su felicidad, ¿nos miraréis ahora con indiferencia? Vuestra caridad y vuestra maternidad no lo permiten. Enseñadnos, pues, a vivir de modo que logremos nuestra eterna felicidad; y para ello arraigad más y más en nuestro corazón una caridad sincera, universal y eficaz como la vuestra, que naciendo de Dios nos conduzca a Dios, para quien todos hemos sido criados, formando todos un solo corazón en el de Jesús y en el vuestro.

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