
DIA 9 DE MAYO
AMOR DE LA ORACIÓN
Unid todas vuestras oraciones a las de la Virgen Santísima, y pedidle a menudo que os enseñe a orar.
1.º La oración es el alimento del alma que ama a Dios, porque en ella descubre sus perfecciones y los beneficios que le ha hecho, con cuya memoria se recrea y alimenta la llama de la caridad; es la escuela de las virtudes, porque en ella aprende el hombre a conocer a Dios y conocerse a si mismo; en ella se le hacen patentes sus defectos y los medios de corregirlos y caminar a la perfección; es el canal de las divinas misericordias y la fortaleza donde el cristiano se arma contra los ataques del infierno; es finalmente la escala que comunica la Tierra con el Cielo, a los hombres con los ángeles, a las criaturas con el Criador. ¡Alma mía!, ¿has formado hasta ahora tal concepto de la oración? ¿Te has ocupado asiduamente en ella, y buscado los medios de hacerla con perfección?
2.º María, unida siempre a Dios, buscó constantemente la oración, como el medio de comunicar y hablar mejor con Él, para conocer su voluntad y cumplirla; para conocerle más y amarle; para recordar sus beneficios y darle gracias, y para pedirle más y más bendiciones y mercedes con que su alma creciese sin cesar en la perfección. He aquí, alma mía, el objeto de la oración de María, y el que tú debes tener presente en las tuyas. María no pedía bienes temporales, no pedía consuelos y favores de que no se creía digna, ni podían conducirla a la unión perfecta con Dios. Conocerle, amarle y servirle, este fue todo su anhelo, y lo que procuraba por medio de la oración.
3.º La oración de María era continua, porque no hacía cosa en cuyo principio no pidiese a Dios su bendición, y en cuyo fin no se la ofreciese; ni pasaba momento en que no levantase su corazón a Dios en medio de sus trabajos y ocupaciones ordinarias. Pero, además de esto, destinaba muchas horas del día y de la noche al trato con su Dios, retirándose a lo más secreto de su habitación, según el consejo de Jesucristo, apartando su imaginación de todo lo criado, y postrándose humildemente en tierra para adorar a su Criador y hablar con Él. Allí es donde María se abrasaba en el amor divino, allí es donde crecía su humildad, se afirmaba su pureza, sacrificaba a Dios cuanto tenía, y se animaba a padecer por su gloria y por la salvación del mundo. Aprende, alma mía, y acostúmbrate a tratar a solas con tu Dios en la oración. Si no sabes recogerte, y el enemigo te turba con distracciones, póstrate a los pies de María, y Ella te enseñará y te defenderá.
AFECTO.
¡Oh, María!, maestra admirable de la oración, permitid que os diga como los Apóstoles a vuestro divino Hijo: Señora, enseñadme a orar. Pero, ante todo, comunicadme el amor ardiente que vos teníais a la oración. Hasta ahora he mirado con descuido este ejercicio tan necesario para mi salvación; y cuando me he ocupado en él, las distracciones con que el enemigo me ha entretenido lo han hecho infructuoso para mi alma. ¡Ah, cuantos pecados, cuántas faltas e imperfecciones hubiera evitado si me hubiese dedicado a la oración! Madre mía, en adelante lo haré todos los días, y espero con vuestro auxilio que en la oración aprenderé a amar a Dios, aprenderé a servirle, y a ser suyo en el tiempo y en la eternidad.