Amadores de Cristo

DIA 10 DE MAYO

PRESENCIA DE DIOS

Levantad a menudo vuestro corazón a Dios, al ejemplo de la Virgen Santísima, ocupada siempre en su divina presencia.

1.º Dios está en todas partes: todo lo llena con su presencia; todo lo vivifica con su esencia, y todo lo sostiene con su potencia. Nosotros estamos en Él como un pájaro en el aire, como un pez en el agua, y fuera de Él ni hay nada, ni puede haber, porque es infinito: en una palabra, dice san Pablo: en Él vivimos, nos movemos y somos. Esta verdad de fe, bien arraigada en nuestro corazón, nos conduce a la práctica de un ejercicio eficacísimo para llevarnos a la perfección, librándonos del pecado, y santificando todas nuestras acciones. Este ejercicio es el de la presencia de Dios: Dios me ve, Dios es testigo de todas mis acciones. He aquí lo que a los pecadores les aparta de la culpa, lo que a los tibios les hace fervorosos, lo que a las almas amantes las inflama y las abrasa en llamas de caridad con la presencia continua de su amado. ¡Alma mía!, ¿en cuál de estos tres estados te encuentras? En cualquiera que sea, procura no despreciar este medio de salud, imitando a María.

2.º Desde el momento que María conoció a Dios, y le hizo dueño absoluto de su corazón, fijó en Él los ojos de su alma, y con una atención continua a su presencia se ocupó en servirle y amarle. Esta atención le hacía amables los trabajos y la pobreza, le hacía descansar en los brazos de su providencia, le animaba a multiplicar los actos de su amor y de todas las virtudes, levantando a Él su corazón y su espíritu en todos los momentos de su existencia, no teniendo otro consuelo que el de sentarse, como la Esposa de los Cantares, a la sombra del amado y deseado de su alma. ¡Ah!, ¿por qué no imitas, alma mía, a tu dulce Madre, descansando siempre en la presencia de Dios?

3.º María, viviendo siempre atenta a la presencia de Dios, no dejó por ello de ocuparse en el cumplimiento de sus obligaciones. Ella sabía que esta presencia, lejos de ser un obstáculo para tratar con los demás y trabajar según su estado, es el medio más fácil de hacerlo con perfección y utilidad, y de lograr que todas las acciones se dirijan a la gloria de Dios. Persuádete de ello, alma mía, para tu bien. Si trabajas, levanta tu corazón a Dios que te mira, y ofrécele tu trabajo pidiéndole su bendición. Si hablas con tus hermanos, atiende a que Dios te oye mejor que ellos. Si padeces y sufres, fija los ojos de tu alma en Dios que te mira y te prepara la corona. Así lo hacía María, y por ello su vida fue perfectísima, y un puro y continuo acto de amor a Dios. Hazlo tú también, y crecerás en el amor divino hasta morir de amor.

AFECTO

¡Oh, María!, flor hermosa que siempre buscaste al Sol divino, siguiéndole vuestra alma con graciosos giros; ayudadme a imitaros y a hacerlo todo y sufrirlo todo en la presencia de Dios, y atendiendo con humildad y amor a que Dios me mira, y es testigo de todas mis acciones. Enseñadme a hacer de todas ellas un holocausto continuo a la divina Majestad, como Vos lo hicisteis. ¡Oh, Madre mía!, este ejercicio puede conducirme a la perfección; Vos, pues, que tanto os interesáis por mi felicidad, comunicadme aquella atención con que Vos permanecíais siempre en la divina presencia, para que haciéndolo yo también, pueda decir como David: Veía siempre al Señor ante mis ojos, porque está a mi diestra, para que nunca sea conmovido, y de este modo viva y muera unido con Él para no perderle de vista en toda la eternidad.

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