Amadores de Cristo

DIA 12 DE MAYO

SUMISIÓN A LA VOLUNTAD DE DIOS

Tomad por modelo el Corazón de María perfectamente sumiso en todas las cosas a la voluntad de Dios.

1.º Toda la perfección consiste en amar a Dios, y el amar a Dios en hacer su voluntad, dice san Ligorio, fundado en las palabras de la Sagrada Escritura; por consiguiente, la perfección está basada en la perfecta sumisión y conformidad con la voluntad de Dios, porque el primer y el principal efecto del amor verdadero es la unión de voluntades, haciendo de ambas una sola. El que ama, pues, a Dios con sinceridad y con caridad perfecta, así como todo lo hace para gloria de Dios, así también en todo se gobierna según la voluntad de Dios. Así lo hizo Jesucristo, que decía no tener otra voluntad que la de su Padre, y así nos lo enseñó repetidas veces: Si me amáis, guardad mis preceptos. ¡Alma mía!, si amas a Dios, si deseas llegar a la perfección, ¿podrás menos de sujetar en todo tu voluntad a la suya?

2.º María, que amaba a Dios con amor perfectísimo, tenía su corazón y su voluntad sumisa en todo a la de Dios, practicando con sublime perfección los consejos y lección de Jesucristo. Por arduo, difícil y trabajoso que fuese, todo lo aceptaba con alegría, mirando en todo la voluntad de su amado. La hizo nacer en la pobreza, se vio precisada a trabajar para su subsistencia, el edicto de Augusto la hizo emprender un penoso viaje, la persecución de Herodes la obligó a huir, Dios le exigió el sacrificio de su Hijo, y en nada vaciló. La voluntad de Dios fue su norma y su ley, y todo se le hacía fácil para cumplirla. ¡Alma mía!, ¡cuán distinto es tu proceder, y cuánto repugnas sujetarte a las disposiciones del Altísimo!

3.º María, persuadida de que todo depende de la voluntad de Dios, y de que Él todo lo dispone según los impenetrables juicios de su providencia, recibía con admirable conformidad todos los sucesos prósperos y adversos de la vida, como dirigidos a la mayor gloria de Dios y a su perfección. Por ello repetía sin cesar aquellas palabras tan humildes: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra; y siguiendo el consejo de Jesucristo se complacía en levantar su corazón al Padre Eterno, y decirle: Hágase, Señor, tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo. ¡Alma mía!, imita a María: Dios lo quiere, yo también. Sean éstas siempre tus palabras, y darás a Dios el culto interior y perfecto que te pide, sacrificándole tu corazón.

AFECTO.

¡Oh, María!, ¡qué ejemplos tan sublimes de sumisión a la voluntad de Dios me ofrece vuestra vida! Yo quiero imitarlos para dar a Dios una prueba cierta de que le amo con todo mi corazón. Comunicadme, pues, estos sentimientos que admiro en Vos, y haced que en todas las cosas vea la voluntad de Dios, y reciba las prósperas con humildad y las adversas con alegría, dispuesto siempre a hacerlo todo, y a perderlo todo, según disponga la divina Providencia. Madre mía, para que así sea, poned siempre en mis labios y en mi corazón aquellas palabras tan sublimes: Hágase, Señor, en mí según vuestra palabra y según vuestra santísima voluntad.

Volver al Ramillete de Flores Místicas.