
DIA 25 DE MAYO
MODESTIA
Proponeos por modelo de toda vuestra conducta la edificante modestia de la Virgen Santísima.
1.º Como escogidos, santos y amados de Dios, dice San Pablo, revestíos de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de modestia y de paciencia, y sea vuestra modestia conocida de todos los hombres; para que, como dice el Evangelio, viendo vuestra luz y vuestras buenas obras glorifiquen al Padre celestial. La modestia es una virtud que, moderando y ordenando todo el exterior del hombre, hace aparecer a los ojos de los demás el orden y concierto del interior. El rostro es espejo del alma, reflejando los sentimientos del espíritu; y la modestia forma este espejo donde los hombres ven y admiran las virtudes que adornan el corazón, y se mueven a imitarlas. Tu rostro, tu mirada, tus pasos, hasta tu vestido, dan a conocer lo que tú eres en tu interior. Examínate, pues, alma mía, y veas qué idea da de ti tu compostura exterior. ¡Quién sabe si en vez de edificar al prójimo con tu modestia, eres para él motivo de escándalo y de ruina!
2.º Convéncete de la necesidad que tienes de esta virtud hermosa para dar buen ejemplo y contribuir al bien de tus prójimos, y acude a aprenderla en el Corazón Santísimo de María. En ninguna criatura podrás hallar un modelo más perfecto. Este Corazón, todo de Dios, difundía hacia lo exterior sus perfecciones de un modo el más admirable. Todo manifestaba en ella la santidad de su alma. Su mirada recogida, sin afectación; su rostro severo, sin dureza; su voz sumisa, su paso grave, su vestido honesto y sencillo, formaban un conjunto tal, que San Epifanio la llama prodigio de todas las virtudes; porque su palabra, su mirada, su trato, y toda su compostura descubrían el fondo de su humildad, de su caridad, de su dulzura, de su pureza, y de todas las perfecciones de su Corazón. Examina tu exterior, alma mía, ante este espejo. ¡Ay, cuántos motivos tendrás para bajar los ojos y humillarte!
3.º Si quieres imitar a María en su modestia, examina sus principios y fundamentos. Dios escudriña el corazón, y Dios lo escudriña en todas partes, porque estamos en su seno como el pez en el agua y las aves en el aire. La presencia de Dios la obligaba a componer su exterior, aun cuando se hallase a solas en su aposento; y esta presencia de Dios y la necesidad de edificar al prójimo, la mantenía modesta ante los hombres. La idea de que Dios descubría su interior era un motivo poderoso para que no diese a su compostura un carácter de afectación hipócrita. ¿De qué me serviría componer mi rostro, si no lo está mi corazón? He aquí, alma mía, la lección que te da tu buena Madre. No la olvides. Sé modesta en todas partes; tu modestia sea hija de tu compostura interior; y como María, lograrás edificar al prójimo y glorificar a Dios.
AFECTO
¡Oh, María!, que fuisteis la admiración del mundo por vuestra modestia, que atraía en pos de Vos a todos los hombres, y producía en sus almas los más santos pensamientos, enseñadme a imitaros en esta virtud de las virtudes. Enseñadme a perfeccionar mi interior para que redunde a mi exterior la belleza de mis virtudes que edifiquen a mis hermanos. ¡Ay, cuántas veces mi inmodestia les habrá escandalizado! ¡Cuántas veces habré sido para ellos piedra de tropiezo! ¡Oh!, no más, Madre mía. Hacedme modesto en todo lugar y en todo momento, para que sea en todas partes conocido por hijo vuestro. Os lo pido por el amor que tenéis a esta virtud preciosa, que fue uno de vuestros más bellos adornos. ¡Oh, María!, soy todo vuestro, y esto me basta para esperarlo todo de Vos.