
DIA 29 DE MAYO
FERVOR
En todas vuestras oraciones proponeos por modelo el admirable fervor de María.
1.º Es el fervor un ardiente y eficaz deseo de corresponder, fiel y perfectamente, a la vocación de cada uno; es un efecto de la caridad que, ardiendo siempre, consume sin cesar cuanto no es perfecto, para que el hombre sea todo de Dios. Por ello dicen las sagradas letras: En todas tus obras guarda tu preeminencia, y desea siempre nuevos y mejores carismas, porque la vida del justo es una luz brillante ya en la aurora, y que aumentando en resplandores crece hasta el mediodía. ¿Obras tú así, alma mía? Teme que tu fervor decaiga, y Dios te amenace por tu tibieza, como el ángel de Laodicea, diciendo que te arrojará de su seno.
2.º María nos presenta en su vida el modelo más perfecto de fervor. Adornada en su primer momento de mayores gracias que todas las criaturas juntas, comprendió la grandeza de su misión, y se propuso no decaer un punto en su cumplimiento, antes bien, crecer sin descanso. Ella oyó la voz que le decía: Levántate y date prisa, amiga mía, y ven: y grabando en su corazón estas palabras, las tuvo siempre ante los ojos de su alma, para animarse a cumplir lo que Dios exigía de su amor, y de este modo logró exceder en el celo y en el fervor a los mismos Serafines. Aprende de tu Madre, alma mía, a encender el fervor en tu corazón. Para ello, esfuérzate en conocer la grandeza de tu destino, la grandeza del amor que Dios te tiene, la grandeza del amor que tú le debes, y del premio que te promete. ¡Ah!, ¡cuán admirables frutos te producirá esta consideración!
3.º María no sólo fue fervorosa en sus deseos y en sus propósitos, sino también en la práctica de estos propósitos, y en la ejecución de todas sus acciones. Desde su nacimiento se entregó en manos de Dios, haciéndole dueño absoluto de todo su ser, para que obrase en Ella sus designios, y no se consideró ya sino como instrumento de Dios. Todas sus acciones, por mínimas que fueran, eran para María medios de llegarse a Dios, de darle gloria y obtener su amor, y por ello todas sus obras y todas sus palabras eran pronunciadas y practicadas con fervor tan admirable, cual no lo tuvieron en sus más heroicas empresas los mayores Santos. ¡Alma mía! El fervor no consiste en anhelar acciones grandes y deseos heroicos, sino en practicar con perfección las ordinarias de la vida. María te lo enseña, y te enseña también que así es como te dispondrás para que Dios te proporcione obras mayores si conducen a su gloria y a tu felicidad. Enciérrate, pues, en el círculo de tus deberes y tu vocación, y practícalo todo con fervor y con perfección siempre creciente.
AFECTO
¡Oh, María!, yo contemplo vuestro hermoso Corazón como ardiendo en el fuego abrasador que os consumía durante vuestra vida, y que me da una idea de vuestro fervor. Si después miro el mío, me veo tan tibio, tan frio, que me avergüenzo y temo presentarme a Dios. Mis oraciones, mis trabajos, mis palabras, todo está vacío de fervor, y ni aún deseos eficaces advierto en mi interior. Compadeceos de mí, Señora, y prended en mi corazón una chispa del fervoroso fuego de caridad que arde en el vuestro, para que me encienda, y en alas de mi fervor busque a Dios en todas las cosas, y no descanse hasta llegar a la perfección que Dios exige de mi alma. No me dejéis, Señora, y sin tropiezo llegaré al término, y seré todo de mi Dios, y para siempre de mi Dios.