Amadores de Cristo

INSTRUCCIÓN PARA LA PRÁCTICA DE ESTOS EJERCICIOS

Las flores de María son frutos de honor y de riqueza, y sus ramos son de honor y de gracia, como dice ella misma en el Eclesiástico, esto es, son frutos de honor y de gloria para Dios y para María, y de riqueza y gracia para nosotros. He aquí, pues, los dos objetos que el cristiano debe proponerse en la práctica de los ejercicios del mes de mayo. 1. ° Glorificar a Dios, que concedió a María tantos y tan sublimes privilegios como en ella reconocemos, honrando también a esta Señora, que con sus virtudes se hizo digna de las miradas del Altísimo. 2. ° Enriquecer nuestras almas con la imitación de estas virtudes, atrayendo sobre nosotros las gracias y bendiciones que María concede a sus devotos.

Lo primero se consigue con la meditación de los privilegios y virtudes de esta Señora; lo segundo con la aplicación hecha a nosotros mismos de las lecciones que nos da en todos los estados de su vida, invocando su patrocinio para practicarlas.

Siguiendo la piadosa costumbre introducida en todas partes, se adornará el altar de la Santísima Virgen con flores naturales, de que con tanta profusión se cubren en este mes los campos, y que nos sirven a un tiempo de símbolos de las virtudes de María, y de las flores místicas que procuramos presentarle en su mes.

Para que estas flores no se marchiten y se sequen sin dar fruto, debe procurarse entre el día recordar los afectos y propósitos hechos en la oración, usar de algunas jaculatorias y guardar el recogimiento posible. Sobre todo debe hacerse examen sobre la práctica de las virtudes propuestas, por lo menos cada diez días; procurando siempre tener dispuesto el ramillete místico de las flores de María, para ofrecerlo a la Santísima Trinidad, y el de las propias para presentarlo a esta Señora, y por su mano a Dios, el día 1.º de junio, destinado a la renovación de todos los buenos propósitos hechos en el mes, a la consagración de sí mismos a la Santísima Virgen, y finalmente a lucrar la indulgencia plenaria concedida a los que se ejercitan en estos obsequios.

Feliz el alma que en este día ofrezca los ramilletes propuestos, y merezca que sean de olor suavísimo al Señor, como formados de las flores aromáticas de todas las virtudes. Habrá glorificado a Dios, honrará a María, y recibirá bendiciones del cielo, que serán el preludio de la felicidad sin término prometida a los verdaderos hijos y devotos de María.

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