
CORREDENTORA Y MEDIANERA
La reciente campaña contra la Inmaculada y Siempre Virgen María, que ha llegado a extremos blasfemos en la Nota Doctrinal «Mater populi fidelis», publicada el 4 de noviembre de 2025 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y aprobado por León XIV confirma, una vez más, que en el Vaticano están los enemigos de Dios: la secta satánico-masónica que suplantó a la Iglesia de Cristo el 28 de octubre de 1958. Es normal que Satanás se revele contra su mayor enemigo: la Inmaculada y Siempre Virgen María, que le aplastará la cabeza y le enviará a lo más profundo de los infiernos.
La negación absoluta del título de Medianera o Mediadora de todas las gracias no se corresponde, siquiera, con el mismo significado de las palabras que, según la RAE, es:
• Medianera: Dicho de una persona: Que media e intercede para que otra consiga algo.
• Mediadora: Persona que intercede o ruega por alguien.
Negar que la Inmaculada y Siempre Virgen María es la Medianera de todas las gracias es negar que intercede por nosotros, los pecadores, ante su Hijo y ante la Santísima Trinidad para conseguirnos toda clase de gracias.
El título de Corredentora es asumido desde el siglo I, según algunos autores, al ser nuestra causa salutis desde el mismo momento de su fiat. Parece ser que, desde el siglo XV, existe un deseo generalizado en el mundo católico para que se proclame un dogma en ese sentido. Diversos papas —entre ellos San Pío X, Benedicto XV, Pío XI o Pío XII— se referían a la Inmaculada y Siempre Virgen María con ese título, o concepto similar.
Decir que la Inmaculada y Siempre Virgen María, Madre de Dios, necesitaba redención y fue redimida por Jesucristo es motivo de anatema; es una herejía de tal calibre que, prácticamente, niega todos los dogmas marianos. Jesucristo vino al mundo, en el seno de María, para redimir a los pecadores, a los descendientes de Adán manchados con el Pecado Original. María no tuvo Pecado Original ni cometió pecado alguno desde su nacimiento hasta su Asunción al Cielo. La Inmaculada y Siempre Virgen María no necesita ser redimida. En nuestro escrito El germen de María explicamos esa unicidad sólo acaecida en Ella.