
El Santo Rosario: vía de salvación
En el año 1208, Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, Madre de Dios, se apareció a Santo Domingo de Guzmán y le enseñó a rezar el Rosario y pidió que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.
El 13 de mayo de 1917 se apareció en Fátima (Portugal) a tres pastorcitos, y les exhortó a que lo rezaran diariamente.
La Santísima Virgen prometió muchísimos beneficios a todos los que abracen esta devoción: conseguir las gracias que se pidan, no morir sin sacramentos, tener un Purgatorio corto, especial protección de Ella, no morir de muerte desgraciada, conversión de los pecadores, y muchas otras gracias, pues la devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.
Los Amadores de Cristo, verdaderos devotos de la Santísima Virgen, rezan, a diario, los quince misterios, con las letanías lauretanas, aprobadas por Sixto V, para toda la Iglesia, en 1587, y lo hacen en la lengua de la Iglesia: latín.