SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR…
ENSÉÑANOS A MEDITAR…
Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno, os suplico con todo el ardor de mi corazón, y en cuanto me es posible, me concedáis las gracias necesarias para hacer con fruto este rato de oración y meditación, para mayor gloria vuestra y salvación de las almas.
Quitadme todos los obstáculos que puedan impedirme meditar: la soberbia y vana estimación de mi mismo; la hipocresía y mi deseo de aparecer cual no soy; los pecados a los que está pegada mi alma; la disipación de mi ánimo y el poco recato de mis sentidos.
Enviadme los auxilios necesarios para meditar con fruto: colmadme de todas vuestras virtudes, dones y frutos. Dadme humildad, sencillez en el obrar y recato en los sentidos, para que venga la paz a mi alma, dejándola bien dispuesta para meditar y aprovechar vuestras divinas gracias. Dadme fuerzas para soportar y amar la mortificación de mis sentidos, de forma que sólo estén en Vos.
Señor mío y Dios mío, creo firmísimamente que estáis aquí presente; que me hallo ante Vos y que con Vos estoy hablando. Os veo ante mí; y cómo con vuestra mirada escudriñáis y descubrís hasta lo más secreto de mi alma.
Os adoro humildísimamente y os amo con todo el afecto de mi pobre corazón.
Reconozco vuestra divina Majestad; que sois mi Soberano y Dueño; que me sacasteis de la nada y que nada soy sin Vos, pues todo lo que tengo Vos me lo habéis dado. Os doy gracias por todos los beneficios que continuamente me concedéis.
Os pido humildemente perdón por todos mis pecados, que os suplico consumáis en las llamas de Vuestro ardiente Corazón Misericordioso. Os ofrezco mi cuerpo y mi alma; cuanto soy y me habéis dado; mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad: todo es vuestro, disponed de ellos a vuestro antojo.
Dadme la gracia de vuestro divino auxilio para hacer bien esta meditación, de forma que todos mis pensamientos, afectos y acciones vayan dirigidos a vuestra mayor gloria, salvación de las almas y provecho de la mía propia.
Os lo pido por los méritos infinitos de la Pasión, Muerte y Resurrección gloriosa de Vuestro Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Vos en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Y Vos, Virgen Santísima, mi Madre, Reina y Señora, alcanzadme de Dios cuanto he pedido y, puesto que sois la Medianera Universal de todas las Gracias, derramadlas sobre este pobre siervo vuestro, que no se atreve ni a levantar la mirada hacia Vos.
Protegedme bajo vuestro purísimo manto y sea vuestro maternal seno mi refugio del enemigo infernal, al que os suplico aplastéis la cabeza con vuestro pié inmaculado, enviándole desterrado a lo más profundo de los abismos del infierno, de donde no le dejéis salir nunca jamás por mucho que le invoquen sus secuaces y seguidores. Y a mí, Virgen mía, no me consintáis distraerme en esta meditación, antes bien ayudadme a sacar de ella el mayor fruto.
Glorioso Patriarca San José; Ángeles y Santos de la Corte celestial, alcanzadme de Dios nuestro Señor las gracias que he solicitado.
(Padrenuestro, Avemaría, Gloria)
Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno, guiad mi mano para que abra estos Santos Evangelios y señale el versículo que deseáis medite en esta ocasión.
(Abrir, señalar y leer. Hacer composición de lugar, dándome cuenta de lo que encierra el versículo leído).
Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno, os suplico concedáis luz a mi entendimiento y fervor a mi voluntad, para conocer y querer; para interesarme, instruirme y afectarme de conformidad con la doctrina que encierra el versículo que he leído, en orden a obtener el fruto que Vos deseáis en esta meditación, y dándoos mayor gloria, perfeccionando mi alma y logrando la salvación de las demás.
(Ejercitar el entendimiento: Si esto es verdad, ¿qué debo hacer?… Pensar qué hacer para ajustar mi conducta a lo leído. Dejarme llevar por la inspiración del Espíritu Santo, que me marcará el camino a seguir).
(Ejercitar la voluntad: Me propongo hacer esto que he visto que debo hacer. Formar los propósitos y animarse a cumplirlos. Pensar en los obstáculos que hallaré y en los medios de que me he de servir para lograrlo).
(Concluir con una jaculatoria que resuma el sentido de la meditación).
Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno, os suplico, con viva fe y confianza, me concedáis las gracias necesarias para obrar conforme a lo prometido, cumpliendo con los buenos propósitos de esta meditación, pues soy muy débil y sin vuestra ayuda nada puedo.
Amado Esposo, mi Señor Jesucristo, que me abriste la herida de tu pecho y me abrasaste en el horno incandescente de tu divino Corazón, no me permitas desperdiciar los frutos de esta meditación; antes bien dame tu ayuda para cumplir con lo propuesto, para mayor gloria tuya, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amen.
Madre mía María, Virgen Inmaculada y Santísima, Llena de Gracia: empápame con la lluvia del divino auxilio para que cuanto el Espíritu Santo me ha mostrado y mi alma se ha propuesto cumplir lo realice para mayor gloria de Dios y para el triunfo de tu Inmaculado Corazón.
Patriarca San José, custodio del divino Niño, custodiad mis pasos para que no los aparte de lo prometido.
Santos y Ángeles de la Corte celestial, ¡valedme! Defendedme de los ataques del enemigo y alcanzadme los favores celestiales para poder cumplir fielmente el compromiso adquirido con Dios nuestro Señor.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti
Del maligno enemigo defiéndeme.
En la hora de mi muerte llámame.
Y mándame ir a Ti
Para que con tus Santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amen.