
Marana tha!
Ven, Señor Jesús.
Justo en el momento en que se fue, sin que ellos hubiesen dejado de mirarle, ya les fue anunciada su vuelta, tal y como había sido la ida.
Diciendo esto, y viéndolo ellos, se elevó, y una nube le ocultó a sus ojos. Y estando mirando al cielo, fija la vista en Él, que se iba, he aquí que dos varones con hábitos blancos se les pusieron delante y les dijeron: Varones galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido llevado de entre vosotros al cielo, vendrá así, del modo que le habéis visto ir al cielo. (Act. 1, 9-11.)
Y en esa esperanza ha vivido, durante siglos, la verdadera Iglesia de Cristo.
San Pablo habla en muchas ocasiones de esa venida, y lo expresado a los Corintios —en la primera carta que les dirigió— resume bastante bien el sentido de la Parusía.
Velad y estad firmes en la fe, obrando varonilmente y mostrándoos fuertes. Que todas vuestras obras sean hechas en caridad. (…) Si alguno no ama al Señor, sea anatema. Maranata. (1 Cor. 16, 13-14, 22.)
San Juan, en su Apocalipsis, va más allá y profetiza cuanto ha de pasar antes de esa segunda venida. Y podemos comprobar, hoy en día, que muchas de esas cosas anunciadas por él se han cumplido o se están cumpliendo.
No es motivo de tristeza, pues la liberación y el paso a la Vida eterna es motivo de regocijo.
Alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo, alegraos. Vuestra modestia sea notoria a todos los hombres. El Señor está próximo. (Flp. 4, 4-5.)
Actuemos con decisión: o con Dios o contra Dios. Si elegimos a Dios no podemos estar con Satanás y su secta que opera en el Vaticano, suplantando a la Verdadera Iglesia de Cristo, y engañando a millones de personas que viendo no ven.
Por esto les hablo en parábolas, porque viendo no vean y oyendo no oigan ni entiendan; y se cumpla en ellos la profecía de Isaías, que dice: Cierto oiréis y no entenderéis, veréis y no conoceréis. Porque se ha endurecido el corazón de este pueblo, y se han hecho duros de oídos, y han cerrado sus ojos, para no ver con sus ojos y no oír con sus oídos, y para no entender en su corazón y convertirse, que yo los curaría. (Mt. 13, 13-15.)
Cada vez están más claras las palabras de Jesucristo: “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Luc. 18, 8.)