Amadores de Cristo

Amarás al Señor Dios tuyo…

Rara vez se ha escuchado en un confesionario que un pecador se acuse de no cumplir el primer Mandamiento, por no amar a Dios sobre todas las cosas, cuando, en justicia, debería ser lo primero que se confiese, ya que, si pecamos, es porque no amamos a Dios sobre todas las cosas. Si cumpliésemos con el primer Mandamiento no cometeríamos pecado alguno.

No están faltos de culpa los confesores, pues ellos mismos enseñan a considerar más importantes otros pecados —como por ejemplo los cometidos contra el sexto mandamiento— que, aunque no carentes de gravedad, siempre lo serán menos que el faltar al primer y principal Mandamiento.

Incluso al enumerar los siete pecados capitales se coloca en primer lugar la soberbia —considerada como el pecado más grave y raíz de los demás—, pues ella procede siempre de una falta total de amor a Dios.

Es imposible alcanzar la santidad —necesaria para la salvación del alma— sin un amor profundo, real, consciente, continuo y deseado, a Dios, nuestro creador y redentor: “Hagamos de nuestra vida un continuo acto de amor a Dios.”

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