
¿Estamos locos?
Sed sobrios, y velad; porque el diablo vuestro adversario anda como león rugiendo alrededor de vosotros, buscando a quien tragar: Resistidle fuertes en la fe: sabiendo que vuestros hermanos esparcidos por el mundo sufren la misma tribulación. Mas el Dios de toda gracia, el que nos llamó en Jesucristo a su eterna gloria, después que hayáis padecido un poco, Él os perfeccionará, fortificará, y consolidará. A Él la gloria, y el imperio en los siglos de los siglos. Amen. (1 Pe. 5, 8-11)
San Pedro nos avisó, aunque es posible que, en aquel preciso momento, no viera la magnitud del ataque que sufrimos en la actualidad. Pero San Juan, en su primera carta, ya afirma que “todo el mundo está puesto en el maligno”. No es de extrañar, por tanto, cuanto ocurre en todo el mundo en la actualidad, que se ha perdido el sentido de pecado y la sociedad está carente de moral. ¿Cómo explicar, si no, la destrucción del matrimonio, la aprobación de la sodomía, los cambios de sexo, el aborto, la eutanasia, la corrupción sistematizada de instituciones e individuos, y un largo etcétera conocido por todos? Ay de la tierra y de la mar, porque descendió el diablo a vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo. (Ap. 12, 12b) En la nota a ese texto de la Sagrada Biblia Vulgata, se dice: “(…) armaos fuertemente contra sus asechanzas vosotros, los que quedáis en el mundo; porque vencido el maligno por los Confesores de la Fe, por los Mártires, y por Enoch y Elías, se revestirá de nueva saña contra los fieles que quedaren, por cuanto conocerá que se le acaba el tiempo de practicar todas sus astucias para la perdición de ellas.”
La Agenda 2030, la 2050, el Gobierno Mundial, las continuas injerencias en la libertad de las personas, el control absoluto de la sociedad mundial, a la que se encierra en casa y somete al experimento obligatorio de fármacos mortales, la aberración de la religión del Cambio Climático —el clima cambia constantemente desde la creación del mundo—, la creación de impuestos desproporcionados, como el del CO2 —cuando el anhídrido carbónico es fundamental para que exista vida en la Tierra—, son un claro exponente de cómo Satanás está enfurecido y deseando acabar con la raza humana, y llevársela con él al Infierno.
Lo peor de esta situación es que la mayor parte de la sociedad mundial, inconsciente por la acción mediática y política, no se rebela, sino que acepta —con más o menos conformidad— todo cuanto le imponen. Comportamiento ajeno a la auténtica vida de fe católica de la que se presume, pero que queda demostrado que no se tiene, pues, además, existe un auténtico analfabetismo religioso entre los que se consideran verdaderos católicos, pero están siguiendo a Satanás y su secta del Vaticano, que suplantó a la Verdadera Iglesia de Cristo el 28 de octubre de 1958.
¿Estamos locos? Es la pregunta que viene de inmediato a nuestra boca. Porque no es propio de una persona cuerda, con un mínimo de cultura, con un responsable conocimiento de la Religión Católica, aceptar tanta violación de las más elementales normas de convivencia; profanaciones, sin el más mínimo respeto, de los derechos fundamentales del individuo. Pero de Satanás no se puede esperar otra cosa, máxime cuando ya está desesperado porque se le acaba el tiempo. Y la pregunta sale sola: ¿Elegiremos a Dios o al diablo? Es una decisión personal, individual, que nadie puede tomar por ti…